#Musalove Story nº19 – I Concurso de relatos

regalos de San Valentin

Relato Nº19: 4 de noviembre.

La ausencia de lo que uno ama hizo que busque tu amor en la relectura de estas páginas de estética inestable

4 de noviembre, 5 y cuarto de la madrugada

Mi queridísima Señora,

Y otra vez, Señora mía, despierto en un domingo cuyo cariz es una neblina semiespesa. E igual que la ciudad tormesina, me veo inmerso en la amorosa bruma los pensamientos que te nombran: Mireya. ¿Qué harás cuando despiertas? ¿Cuáles serán tus etiquetas al almorzar? ¿Con cuántos azucarillos bebes café? Ayer me fui corriendo del bar para no llorar frente a todos, puesto que paso los días enmarañado en el centrado tejido de tus recuerdos. Recordaba los días que me miraste, sin que tu devoto lo provocara con ninguna causa lógica. A la semana siguiente tan solo te quedaste muda, impávida, mirándome fijamente, con esos delatores ojitos de caleidoscopio que gira. Entonces volvieron tus holas efusivos, como si destaparas una botella de champagne. Lo cierto es que sigo pensando en vos. Todos los días paso y percibo tu estela por la misma caminata de siempre. Miro cuando es día, miro cuando está obscuro. Pero sólo hay sombras allí. Tu carita pecosa no está para alumbrar las paredes de la residencia. La ausencia de lo que uno ama hizo que busque tu amor en la relectura de estas páginas de estética inestable. En los cambios de intensidad de mis emociones fui notando cuán mejor literatura puede construir la pena al pensar que eres de otro… a los versos que pude dedicarte mientras creí que me esperabas, igual que cuando salías a buscar uno de nuestros entrecruces cada miércoles o jueves, como si me quisieras recordar con un innecesario énfasis que tú también existías. Pero mientras quizás te preocupaba que si pasaban unos días sin saludarte a lo mejor te olvidaría, pues yo pensaba en ti a cada momento. Te eché mucho de menos. Hoy, vuelta a empezar, nos hemos acercado a la luz que esplendía al final de un túnel que ya tiene dos años de largo. Esta vida se convirtió en una memorabilia infinita de tus recuerdos.

 

Y ahora, mi bien, vemos en ese fulgor la emocionante oportunidad de repetir nuestros pasos en aquellos días, coronando lo andado con el fascinante agregado de mirarnos a los ojos todavía más, para que de ese modo adivinemos en nuestras pupilas aquellas palabras que armonizan con un te quiero. Entonces continuar con la dulce aventura de seguir esperando que algo milagroso siga esperándonos en la fascinante confluencia de nuestros destinos.

 

 

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Entonces continuar con la dulce aventura de seguir esperando que algo milagroso siga esperándonos en la fascinante confluencia de nuestros destinos.
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