#Musalove Story nº23 – I Concurso de relatos

Regalos romanticos

Relato nº23: Cómo encontré el amor

Hoy cumplimos nuestro primer aniversario. Esta mañana antes de salir de la casa, le miré fijamente a los ojos y le repetí como tantas veces: cómo es posible que hayamos terminado juntos. Todas las personas que me conocen bien un poquito, nos miran al pasar sorprendidos. En realidad Bb no era para nada el hombre que deseaba, ese que me pasé toda la vida buscando: que si fuera inteligente, que si tuviera las uñas de las manos y los pies limpios, que si escuchara buena música, que si le gustara disfrutar del buen cine, etc. Al final de toda esa búsqueda aprendí que encontré en Bb todas las cosas que necesitaba tuviera, mi hombre perfecto.

 

A Bb lo conocía del pueblo porque era uno de los mejores jugadores del equipo juvenil de voleibol masculino y mi mamá era una de las entrenadoras. Físicamente para nada motivaba mi vista, pero en cuanto daba un rematazo hacia el equipo contrario imposible de recibir, mi corazón palpitaba, pero solo porque me considero adicta a ese deporte. Fuera de ese entorno nada más que ver.

 

El pasado 16 de enero, días después de mi cumpleaños mi primo Luis me invita a salir a una disco para festejar. Alquilamos una máquina entre cinco personas para la ida y la vuelta, y allí estaba él. Según yo esa fue nuestra primera salida juntos, según él, ya habíamos compartido otras veces en el mismo grupo lo que sucede era no había reparado en su presencia.

 

Hacía unos meses había terminado una relación y no precisamente en buenos términos. Estuve sin salir y encerrada en mi cuarto mientras estaba casa todo ese tiempo. Mi tiempo afuera era el de trabajar. La invitación de mi primo me tentó desde el principio en primer lugar porque conocía bien el lugar a donde íbamos y tenía buenos recuerdos de él, y en segundo lugar porque era bien lejos del pueblo donde yo estaba segura que no iba a encontrarme con mi anterior pareja.

 

Salí de mi casa acompañada de una amiga, para coger la máquina en el parque. Llevaba un vestido de noche, zapatos altos que combinaban con él y prendas doradas muy sencillas. Solté mi cabello y puse maquillaje muy discreto en mi rostro. Estaba satisfecha con la imagen que mostró el espejo y otros al parecer también, pues no faltó más de un cumplido antes de llegar al sitio de la partida.

 

Cuando llegamos a El Caney, los hombres compraron ron Havana Club añejo especial y cigarros mentolados, no recuerdo bien que marca. De inmediato nos fuimos para pista de baile, la música era estruendosamente contagiosa y entre el juego de luces que alternaba colores comenzamos a beber y esa noche me permití fumar. ¡Qué euforia, con placer me entregué a la música! Bailé hasta cansarme y con gusto, olvidé que llevaba zapatos altos. No me importó el género musical que sonara, yo entregué mis mejores pasillos. Bailé con mi primo, con mi amiga y bailé con Bb.

 

Hubo un momento en que comencé a sentirme mal y paré de bailar, sin embargo todo a mi alrededor siguió moviéndose con fuerza, incluyendo a las personas que venían conmigo. Ellas entre la bebida y la música no advirtieron que me pasaba algo. Comencé a marearme y cuando cerré los ojos porque pensé que iba a desvanecerme un muro me hizo contra sí, una mano segura tomó la mía temblorosa. Aún recostada abrí los ojos, él tomó mi mentón y me dijo que íbamos a salir a tomar aire.

 

Fueron segundos, y él nunca tuvo la menor idea de los puntos que a su favor ganó por el solo hecho de haberme socorrido. Nos sentamos en unos bancos. Yo me sentía fatal, tenía revoltura en el estómago. Nunca me gustó cuando recuerdo ese momento lo hecha polvo que me sentí frente a él. Quitó con suavidad los cabellos que tapaban mi cara, me besó en la frente y como si me hubiese leído el pensamiento me hizo contra sí por segunda vez. Siempre me he preguntado si él leyó el cartel invisible que tenía en la frente que decía “necesito un abrazo”. Fue un abrazo que hoy recuerdo con gusto porque me dio cobija y sinceridad. Derramé unas lágrimas sobre su hombro que él nunca vio. Por ese instante olvidé mi malestar.

 

Esa noche no hablamos pero estuvimos juntos hasta que me dejó en la puerta de mi casa. Cuando fui a despedirme trató de robarme un beso y me enojé mucho. No se trataba de besar a un chico en la primera cita, sino que no me apetecía besar otra boca en ese momento. Pensé veinte cosas malas de él, qué se pensaba, que si me estaba calculando, que si quería aprovecharse de mí, en fin; todo terminó así aquel sábado.

 

El domingo sobre las 10:00 pm me llamó. Su voz al teléfono… de radio. Me gustó su osadía, averiguó mi número y se atrevió a enfrentarme. Esa noche estaba de guardia en su trabajo e hicimos lo que según ambos nunca habíamos hecho hasta ese momento: hablamos toda la madrugada y concertamos nuestra primera cita formal para el día siguiente en la noche. Durante aquella madrugada quedé sorprendida porque aprendí que Bb no era hermoso de rostro pero yo comencé a verlo hermoso, no tenía un título universitario pero era un hombre inteligente, su música favorita no coincidía con la mía pero acepté que tenía buen gusto. Él habló del cine que prefería y yo del mío, él aprendió de mí y yo de él.

 

La vida, el destino o lo que sea es tremendo y terminó juntándonos. Nuestra relación ha sido una travesía difícil, pero hemos estado juntos en todo el camino recorrido y nos hemos sentado sobre los obstáculos y los hemos derribado de a poco, pues mientras a nuestro alrededor todo se desmorona, nuestro amor ancla sus raíces a la tierra.

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“Cómo encontré el amor”
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Hubo un momento en que comencé a sentirme mal y paré de bailar, sin embargo todo a mi alrededor siguió moviéndose con fuerza, incluyendo a las personas que venían conmigo. Ellas entre la bebida y la música no advirtieron que me pasaba algo. Y entonces aparecio él
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