#Musalove Story nº21 – I Concurso de relatos

Regalos romanticos

Relato nº21: Inseparables. Verano e Invierno.

Capitulo 1

Un día cualquiera una chica pelirroja de ojos verdes, bastante bajita, iba corriendo por la calle precipitadamente pues parecía que llegaba tarde a algún lugar. Y así era. Tenía que pagar el alquiler o si no se quedaría fuera, durmiendo en la calle, ya que la casera era una persona malhumorada que no perdonaba ni un solo segundo de retraso en el pago. Parecía que iba a conseguir llegar a tiempo cuando, de repente, chocó con otra chica muy alta, de ojos marrones, pelo negro rapado por un lado y unos cuantos pendientes que adornaban sus orejas.

−EH, ¿NO PUEDES IR CON MÁS CUIDADO, ESTÚPIDA MUÑECA?

−Disculpa… −dijo bajito la pelirroja mirando a la mayor con el ceño fruncido y un pequeño puchero en los labios. No le gustaba nada el tono que estaba empleando al dirigirse a ella.

−¿Qué demonios es esa mirada? −cada vez más agresiva la azabache se puso de cuclillas y acercó el rostro al contrario de forma amenazante. −¿Me estás retando?

− ¡No! ¡Disculpa! ¡Andaba distraída! −exclamó rápidamente echándose un tanto hacia atrás intimidada por la cercanía, aunque sin cambiar de expresión.

− ¿Y cómo piensas compensarme? −preguntó interesada alzando un tanto el mentón con aires de superioridad a la vez que entrecerraba los ojos.

La pelirroja miró la hora preocupada y alzó de nuevo la mirada hacia la azabache a punto de romperse a llorar. Se había pasado la hora y encima la persona que tenía en frente, a la cual no conocía, la estaba tratando fatal.

−Demonios, ¿quieres contestarme? −preguntó sin paciencia la más alta, importándole bien poco, aparentemente, que la contraria fuera a llorar.

−¡Me quedé sin casa! ¡Cómo si pudiera compensarte, no tengo nada!

Una gran sonrisa apareció en el rostro de la azabache.

−Ven a mi casa, serás mi asistenta. Así ganamos las dos ¿no, muñeca?

−¿Q-qué? -preguntó la más bajita, entre confundida y sorprendida, a la vez que sonrojada.

−Lo que escuchas. ¿Aceptas o no?

En un impulso asintió con la cabeza. No podía imaginar que tuviera que dormir en la calle pero, en realidad, ¿qué demonios acababa de hacer? No conocía de nada a esa agresiva chica pero por lo visto no podía echarse atrás. De la nada, la pelirroja estaba de nuevo de píe, siendo arrastrada del brazo por la contraria.

−Espera…

−¿Qué?

−No, nada… −dijo con miedo dejándose arrastrar.

La más alta no pudo evitar soltar una pequeña risilla por lo bajo. La más bajita la miró con admiración y un brillo en los ojos. Nunca había visto una sonrisa tan hermosa.  De repente aquella chica dejó de darle miedo. Alguien que era capaz de sonreír así no podía ser tan mala persona.

− Y… ¿cómo te llamas? −se atrevió a preguntar ahora que estaba más relajada.

−Natsu, ¿y tú, muñeca?

−Fuyu.

−Woh, con que yo ”verano”, impulsiva y explosiva, y tú ”invierno” depresiva y tímida. Entiendo. Nos va como anillo al dedo.

− ¿”Depre…”? ¿Cómo sabes eso? −preguntó más que sorprendida.

Sin contestar se mordió el labio. No podía decirle que ya la conocía y que este número de chica mala solo había sido para llevarla a su casa. De alguna forma, también sabía lo de la hora y estaba ahí para impedir que llegara a tiempo.

 

 

Capitulo 2

 

Una vez instaladas en el pequeño piso desordenado pero acogedor al mismo tiempo, Natsu le ofreció a la pelirroja una sudadera grande y unas mallas. No le iba a poner uniforme pues no lo tenía, además que así la joven se veía bien adorable, como a ella le gustaba. Una vez Fuyu se puso la ropa que le ofreció la mayor se sentó en la cama mirando a la más alta, aún con cierta timidez.

−Gracias… ¿dónde puedo poner mi ropa mojada? –preguntó, pero la otra sin decir palabra, cogió la ropa y la llevó a la lavadora, ya que como aún llovía, no podía tenderla. Después de un silencio incómodo la azabache se sentó junto a la pelirroja, puso las manos hacia atrás y se recostó en la cama con un aire despreocupado, al contrario que la otra chica. A quien se la veía incómoda.

−Aquí es donde dormirás. −dijo la azabache rompiendo el silencio.

−Pero… aquí solo hay una cama, ¿dónde dormirás tú? −preguntó, no entendiendo que le dejara el mejor sitio para ella.

−Aquí también.

−¿E-eh? −fue una expresión de asombro lo único que pudo añadir, entre sorprendida y avergonzada. La mayor rio de nuevo encandilando a la pequeña, que le miraba absorta la forma de los labios.

−Bien, este es tu primer recado, dormir conmigo.

La pelirroja agachó la cabeza. Estaba tan confusa que ni replicar podía. Había hecho un trato por lo que aquello también le impedía añadir cualquier objeción.

−Bueno, muñeca −dijo, al ver la reacción de la pelirroja − lo siento mucho por lo de antes. Tengo mal genio pero en el fondo soy la persona más buena del mundo. −dijo vanidosa como ella sola.

La pelirroja siguió sin contestar.  Solo se limitaba a mirar como la contraria hablaba asintiendo con la cabeza de vez en cuando.

−Joder, pero di algo. –dijo con paciencia e impaciencia a la vez. ‘’Que ni yo ni el gato te hemos comido la lengua, de momento” pensó.

−Ah, sí, perdón.

Y después de aceptar sus disculpas, de la nada a la azabache se quedó medio ausente,  sumida en sus pensamientos. Se le pasó por la cabeza un tema relacionado con la chica que tenía al lado, y que le preocupaba. Quería comprobar si eran ciertas sus sospechas por lo que ejerció su poder por primera vez.

−Enséñame los brazos. −ordenó cogiéndola de las manos, pero la pelirroja las retiró enseguida.

−No… por favor…

−Te lo estoy ordenando.

La pelirroja frunció el ceño.

−No creo que eso tenga que ver con mi trabajo.

−Lo tiene. Hacer todo lo que te pida es tu obligación, y en este momento te estoy pidiendo que me enseñes los brazos.

Y sin más, la pelirroja, de mala gana, se remangó las mangas de la sudadera enseñando sus cicatrices y sus cortes recientes.

 

 

 

Capitulo 3

 

 

Desde ese día Natsu obligó a Fuyu a llevar manga corta hiciera frío o calor. Uno para ver la mejoría de sus cicatrices y dos para controlar que no lo hiciera más. La pelirroja se esforzaba por no autolesionarse aunque a veces se le pasaba por la cabeza. Ver la sonrisa de Natsu hacía que esos pensamientos se dispersaran un tanto y se calmara. Pese a eso, a la mínima que podía conseguir cualquier objeto punzante, se lo escondía bajo el colchón, por si las moscas. Era ella quien hacía la cama cada semana, la azabache no se enteraría de que estaban ahí. Su depresión, de la cual no habían hablado pero de la que la mayor era consciente, seguía ahí, algo más latente gracias a que la contraria se esforzaba por hacerla feliz y en tratar de reprimir su mal humor todo lo posible. Pero la tarde del 3 de Febrero Natsu le gritó de tal forma por haber salido sola con un chico en una cita que ella cayó de nuevo en la tentación y se autolesionó desde la muñeca hasta el nacimiento del codo. Estuvo toda la noche llorando. Pensó que no merecía ese trato pero sí un castigo por haber hecho daño a la mayor. Esta vez dormía en el sofá, no con ella, pues ambas querían estar solas. Se quedó pensando cada segundo, cada minuto, cada hora que pasaba. No entendía la razón del enfado de la azabache pero tampoco se atrevía a preguntar.

 

Al día siguiente cuando sin más remedio tuvo que pasar la mayor por el salón para dirigirse a la cocina, vio a Fuyu con los ojos rojos, ojeras y una mueca en forma de puchero como si estuviera reprimiendo las ganas de llorar. Se acercó a la pequeña y le dio un beso en la frente. La ternura y la lástima que le provocaba era mayor que el enfado que tenía hacia ella.

−A ver, muñeca. −empezó a hablar. − sé que me pasé pero con motivo, por lo que no te voy a pedir disculpas si es lo que esperas.

Unos segundos estuvieron en silencio mirándose la una a la otra, hasta que la pelirroja sorbió los mocos y le contestó.

−Yo… sé que te hice daño y lo siento. −dijo, reprimiendo las ganas de volver a llorar.

−¿Pero entiendes por qué? −preguntó la mayor, interesada en escuchar la respuesta.

−No… −respondió inocente.

−Entonces, no entiendo por qué te disculpas. −reprochó la otra con el ceño fruncido.

−Pero…

−Pero nada. Se acabó la discusión. −dijo con la misma expresión aunque ahora frente con frente.  −Estaba y estoy celosa −susurró, mirándola directamente a los ojos irritados.

−Veo que por ti misma no llegas a la conclusión, muñeca, por lo que debo ser directa.

Desconcertada Fuyu apartó la mirada sin alejarse, siguiendo con aquella cercanía de rostros.

−No entiendo… ¿por qué deberías estar celosa? Prometí y juré que sería tu asistenta. Eso no cambiará.

−¡Oh! por favor, ¿tampoco ves ni lo más obvio? −Exclamó, separándose irritada, cogiendo a Fuyo del cuello de la camisa atrayéndola hacia sí. Propinándole después un beso en eso carnosos y provocadores labios.

−Estoy enamorada de ti, ¿qué no lo ves?

 

 

 

 Capitulo 4

 

 

Fuyu estaba en shock hasta que pasaron unos cuantos segundos e incluso minutos. Estaba tan sonrojada que se la podía comparar con un tomate. Natsu relajó las facciones y sonrió, esperando que la contraria hablara, tanto si era para reprocharle como si era para decirle algún sinsentido, cualquier cosa.

−¿Có-cómo? Apenas nos conocemos, solo llevamos dos meses juntas. −dijo casi en un susurro, aunque la mayor la entendió perfectamente.

−No es así. −respondió, en tono calmado.

− ¿A qué te refieres? −preguntó Fuyu tratando de hacer memoria.

−Tu padre… cuando murió… fui a su entierro. Mi familia se llevaba muy bien con la tuya. Por ese entonces eras callada, tímida y no querías relacionarte con nadie. Me enamoré de tu tristeza, de tu mirada nada más te vi. Alguna vez iba a tu casa y mis padres hablaban con tu madre sobre ti estando yo presente en todo momento. Cada vez tenía más curiosidad por conocerte, por saber de la persona que amaba y amo. El día que por fin nos encontramos no fue cosa del destino como me hubiera gustado. Yo estaba ahí esperándote. Haciendo el papel de mala con tal de traerte aquí, de tenerte cerca.

La menor se quedó boquiabierta, más avergonzada que nunca, sintiéndose culpable por no haberla recordado si quiera en estos momentos.

−Yo…

−Sí, lo sé. No sientes lo mismo, pero te juro que algún día te enamorarás de mí. −dijo con calma y determinación, dándole un beso en la frente con inmenso cariño. −No hay prisa.

Y desde entonces Fuyu comenzó a ver a Natsu de otra manera. Se fijaba en lo que se esmeraba en cocinar, en su tierna cara de dormida nada más despertaba, en la delicadeza con la que la trataba, la concentración al leer, la sonrisa tan preciosa que tenía, la cual hacía que su corazón latiera con más intensidad. No era amor. No podía serlo. Era admiración y un cariño especial. Al menos así lo interpretó ella.

Un mes más tarde esos sentimientos fueron creciendo. Natsu se acercaba a ella y su mirada iba a su boca inconscientemente. Natsu de vez en cuando la abrazaba y ella no quería separarse. La veía salir de la ducha en toalla y se mordía el labio inferior como si la deseara. Pero aunque sus sentimientos fueran correspondidos, no se atrevía a decirle nada a la azabache. Primero tendría que aceptar lo que sentía.

 

 

 

 

 

Capitulo 5

 

Con el tiempo se iban cogiendo más confianza la una a la otra. Pero Fuyu seguía sin atreverse a confesar en alto sus sentimientos, pese a que le contaba cualquier otro tema personal. Por ejemplo, cuando estaba de bajón confesaba sus malos pensamientos y su compañera le ayudaba a recapacitar. Y al contrario, cuando Natsu estaba de mal humor, Fuyu le ayudaba dándole cariño, hablándole dulcemente provocando que se tranquilizara.

Habían llegado a ese punto en el que parecían una pareja sin serlo.

Natsu se conformaba con esas muestras de cariño sin imaginar que la pelirroja podía llegar a sentir lo mismo que ella. Habían acciones y miradas que lo decían a gritos pero nunca quiso hacerse ilusiones. Mentalmente se preparaba para una vida sin los besos de la menor, sin un ”te quiero” que saliera de su boca… Hasta el día del cumpleaños de la pelirroja cuando cumplió los 18 y la mayor tenía 19.

La azabache se pasó la mañana entera pintando un lienzo para regalarle, algo que tuviera la esencia de las dos. Lo suyo no era dibujar ni las artes plásticas lo suyo era leer y escribir pero le pareció un bonito detalle.

Cuando la pelirroja por fin se levantó, sin acordarse tan siquiera de que era su cumpleaños, Natsu la felicitó, le dio el lienzo en el cual había pintado un atardecer −cosa que representaba a las dos, el sol a Natsu y el mar a Fuyu− y seguidamente se atrevió a formular una pregunta. Una pregunta que cambiaría sus vidas. Una pregunta que más bien se le escapó.

−¿He cumplido mi juramento?

La pelirroja la miró con los ojos más abiertos de lo normal. No se esperaba aquello. Tenía  un rubor bastante exagerado y, por raro que fuera, los ojos clavados en los de la contraria.

−Sí, hace ya tiempo de eso…

La azabache más que sorprendida se quedó muda. No le hizo ninguna reprimenda por el hecho de no habérselo confesado anteriormente. La conocía perfectamente y sabía lo tímida que era y la vergüenza que le podía ocasionar afirmar sus sentimientos. Por ello, simplemente sonrió entre satisfecha y feliz. Se acercó cada vez más a la contraria hasta poder darle un beso la frente, como tenía costumbre de hacer. Después, bajó un tanto el rostro y juntó frente con frente. La contraria se dejó hacer aún ruborizada. Ambas estaban mirando los labios de la otra, los cuales se rozaban.

−¿Qué más quieres por tu cumpleaños, muñeca? −le preguntó con un tono seductor esperando a que la pelirroja le pidiera juntar sus labios del todo.

−Q-quiero que… −y no se atrevió a decirlo.

−Si no me lo dices, no lo haré.

La menor se mordió el labio, cogió aire y se armó de valor.

−Quiero que me beses. −y así, sin más, la contraria se acercó a ella y la besó. No fue un beso apasionado pero sí un beso lleno de ganas, como si el tiempo hubiera hecho de las suyas y la espera se hubiera almacenado en sus cuerpos como en una botella.

− ¿Algo más?

−Q-quiero… que seas mi novia.

Y la azabache sonrió asintiendo con la cabeza. 24 de Junio. Nunca olvidaría ese día en el que por fin su sueño se hizo realidad.

 

 

 

Capitulo 6

 

Al día siguiente, las dos se levantaron resplandecientes. Se saludaron con un beso en los labios y se dieron los buenos días. Desayunaron juntas, café bien cargado con unas galletas. Ambas tenían una sonrisa imposible de borrar.  Fuyu ya no era su asistenta −aunque nunca la utilizó como tal, tan solo en una ocasión− ahora era su novia por fin, después de tantos años de espera.

Como segundo regalo de cumpleaños −o como cuarto si contaban el beso y la petición− ese día fueron a la tienda de animales y compraron un perro. Una idea que tenían pero que nunca cumplían hasta el día en el que la pelirroja utilizó su día especial como excusa. Era un Bichón Maltes, al cual llamaron Kotoma. Ambas se enamoraron de él nada más verlo. Sobresalía de los demás cachorros por su vivacidad.

Los primeros meses Natsu estaba un poco de mal humor por los desastres que hacía el cachorro en casa, pero lo quería igual. Fuyu, por su parte, en vez de enfadarse le miraba con ternura riéndose de sus malezas, especialmente cuando destrozó el papel de váter y acabó envuelto en él como una momia. Finalmente, llegó el día de su vacuna. Por fin podrían sacarlo a pasear, cosa que ambas esperaban con impaciencia. La una, porque no quería que hiciera sus deposiciones en casa, y la otra, porque quería estrechar el lazo que les unía. Cumplían a raja tabla. Todos los días lo sacaban a pasear juntas, cogidas de la mano. Sin ocultar su relación.

Fuyu ya no se cortaba y tiró los objetos punzantes de debajo de la cama. A veces tenía ganas de autolesionarse pero podía reprimirse. No lo haría por Natsu. Seguían dándole bajones, se odiaba a ella misma y tenía ganas de llorar, pero tenía que ser fuerte y no preocupar a la persona que más quería, por lo que sufría en silencio.

Su padre había muerto, su madre no la quería y no tenían relación, pero estaba en el mejor lugar que podría haber imaginado. Natsu sabía todo sobre Fuyu, pero si se miraba al revés, parecía que ella no sabía nada sobre Natsu. No le había contado nada sobre su familia y ella nunca había sacado el tema, hasta que un día se le escapó una pregunta:

−Nunca te he oído hablar con tu familia, ¿qué ocurrió?

La azabache sonrió tristemente y se dispuso a contestar.

−Mi madre sabía de mis sentimientos y no le parecía bien que fueran por una chica, así que me echó de casa. Mi padre se volvió alcohólico tras mi falta y no volví a saber nada más de él desde que me fui.

La pelirroja la miró con pena.

−Perdón, no debí preguntar.

−No importa muñeca, no quiero que haya secretos entre nosotras.

Y le besó la frente, provocando que la pelirroja pasara de sentirse culpable a sentirse perdonada y querida.

 

 

 

 

Capitulo 7

 

Fuyu enfermó por las frías temperaturas del invierno. Natsu iba y venía de la cocina a la habitación cambiándole el paño húmedo de la frente. Tenía 39 de fiebre, diez décimas menos que por la mañana. Estaba sonrojada, con escalofríos. Sentía el cuerpo pesado pese a estar tumbada. Estaba fría y caliente a la vez. Sudorosa.

Ese día Natsu estuvo a su lado en todo momento leyendo pero atenta a cualquier suceso de su alrededor. Por la noche discutieron un poco, nada fuerte. Natsu quería dormir con Fuyu y ésta no quería con tal de no pegarle lo que tuviera.

−He estado a tu lado todo el día, es lo mismo. −dijo la azabache reprochando.

−Pero durmiendo estamos incluso más juntas. Nuestra respiración se hace una.

−Cariño, por favor…  −dijo con un tono suplicante, poniendo ojitos de niña buena, cosa que funcionó para convencer a la pelirroja.

−E-está bien. −dijo suspirando.- Pero si enfermas yo no te cuidaré. − añadió, y la contraria sonrió sin creer en sus palabras. Se acostó a su lado y le dio su típico y agradable beso en la frente.

-Buenas noches, descansa, muñeca.

 

Y sin más, ambas se durmieron.

 

A la mañana siguiente no había ni rastro de la fiebre, como si el beso de Natsu fuera mágico y lo curara todo. La pelirroja se levantó de la cama y, propinando un beso en los labios a su novia, la despertó, la cual adormilada le dio los buenos días con una sonrisa. Después, en un acto de rebeldía, cogió a la pequeña del brazo y la estiró hacia sí hasta que ésta cayó en la cama. La azabache la abrazó poniendo la cara contraria en su pecho, acariciando con su mano derecha la cabeza de la pelirroja. Era una posición un tanto posesiva y a la vez protectora. Estuvieron así unos minutos hasta que Kotoma dio la señal de aviso de que necesitaba su paseo matutino, por lo que las dos se levantaron y cogidas de la mano como de costumbre pasearon a su pequeño miembro de la familia.

 

 

 

Capitulo 8

 

 

Las cosas marchaban tan bien desde el cumpleaños de la pelirroja que la azabache estaba planteándose pedirle matrimonio, queriendo convertirla en su esposa. Pensaba que tal vez se anticipaba. Apenas llevaban 9 meses de relación, pero conviviendo más de un año. Si iba rápido el destino se lo diría con un rechazo.

Impaciente, compró el anillo. Uno de oro con pequeños diamantes a su alrededor y se lo guardó en el bolsillo de sus pantalones bombachos.

Pensando llegó a casa. Estuvo todo el día sumida en sus pensamientos, cosa que hizo que la pelirroja se preocupara, porque, por si fuera poco, intercambiaron muy pocas palabras en todo el día.

−¿Te ocurre algo, Natsu? −le preguntó con un toque de preocupación.

La otra negó con la cabeza y sonrió pero no emitió ni una sola palabra. Fuyu hizo una mueca, preguntándole a cada hora si ocurría algo.

Al día siguiente pasó lo mismo y como Natsu no tenía el don de la paciencia, tras tantas preguntas en un impulso sacó el anillo.

−Estaba pensando en una forma bonita de pedirte matrimonio, pero así no me dejas. -dijo con el gesto torcido y un tono de reproche.

− P-perdón…

La pelirroja se echó a llorar entre culpable y emocionada y la azabache le ofreció el anillo. Acto seguido se arrodilló y le formuló la pregunta:

−¿Quieres casarte conmigo?

−Dios mío, sí. −dijo, asintiendo repetidas veces, dejando que le pusiera el anillo en el dedo anular. Nunca en su vida había experimentado una felicidad similar.

Ese mismo día llamó la madre de Fuyu después de años como si fuera cosa del destino. Le contó cómo se encontraba y su situación actual. Dijo que no iría a esa boda, que ya no la quería como hija y que no volverían a hablar. Fuyu no se cortó, simplemente se resignó como había aprendido a hacer y soltó alguna que otra lágrima silenciosa. Natsu la vio, por lo que le contó a su prometida con pelos y señales la conversación con la que hasta ahora había sido su madre queriendo desahogarse. Pero fue un gran error. La suegra de Natsu era como su propia madre y eso hizo que se la llevaran los demonios.

 

 

Capitulo 9

 

Natsu a escondidas buscaba por redes sociales a la madre de Fuyu. Ya la había visto en varias ocasiones. Sabía perfectamente cómo se llamaba y como era su físico. Lo que no sabía era si había cambiado de paradero. Buscó y buscó hasta finalmente encontrarla por Facebook, felizmente en Valencia, según se veía de fondo y según sus datos personales. Sin dudarlo, ya que ellas vivían en Castellón, cogió un autobús y un tren hasta llegar al lugar que había visto en fotos. No le había contado nada a su prometida. Sabía que se enfadaría. Pero si quería que las cosas se solucionaran para no verla más triste, debía hacerlo. Tocó la puerta sin pudor y esperó de brazos cruzados e impaciencia a que abrieran. Salió una mujer despeinada en batín y grandes arrugas. Casi irreconocible, pero sí, era su suegra, de eso no cabía duda. La mujer se sobresaltó al reconocer a la ”niña” e intentó cerrar la puerta, pero Natsu fue mucho más rápida y puso el pie para que no la pudiera cerrar.

−A ver, usted me va a oír, sí o sí.

La mujer guardó silencio.

−¿Qué demonios es eso de despojarse de su hija? ¡Dios mío! La que usted tuvo en su vientre 9 meses, la que tiene la misma sangre, la que salió de dentro suyo.

− ¡Ni me lo recuerde! −exclamó la mujer.

− ¡Claro que se lo recuerdo! ¿Es que no siente pena? ¿Es que no tiene alma?

− ¿Qué pena debería sentir? ¡Esa no es hija mía! -dijo, alterándose por segundos.

−Es hija suya quiera o no y va solucionar las cosas con ella. ¿Me escucha?

Y Dolores pareció que se rindió, echándose a llorar.

−Yo no crie una hija con depresión, no crie a una hija que se hiciera daño a ella misma, no crie a una hija que tuviera que soportar el dolor de la muerte de su padre… ¡Por Dios! ¡Si su sufrimiento es el mío!

− ¿Por eso te alejaste de ella? -la azabache empezó a tutearle después de entender sus razones.

− ¡Claro que por eso me alejé de ella! ¿Qué madre podría ver a su hija sufrir así?

−Cualquier madre normal. -Respondió la más alta mirando a la mayor con el ceño fruncido.

− Escuche −volvió a tratarla de usted. −Ella está feliz conmigo, ya no se corta, ya no sufre tanto. Pero usted lo arruinó todo diciéndole que no vendría a la boda, diciéndole lo que le dijo.

− ¡Iré, y tanto que iré! ¡Si ella está feliz, yo podré curarme de esta angustia que me atormenta cada día!

La azabache sonrió triunfante.

−Llámela hoy mismo y dígaselo. Pero yo nunca estuve aquí.

La señora Dolores asintió y cerró la puerta.

 

Natsu volvió a casa y cuando entró vio a su prometida llorando de alegría con el teléfono en la mano. Sonrió pícaramente y se sentó en el sofá como si hubiera cumplido con su deber. Mientras, pensó una excusa para justificar su salida.

 

Capitulo 10

 

Fuyu terminó de hablar. Sollozando se acercó a la azabache y le contó toda la conversación con su madre. La mayor sonrió como si no supiera nada hasta que el gesto se le torció.

−Me preguntó por qué mi madre cambió de idea.

−La conciencia −refiriéndose a ella− tal vez le hizo recapacitar.

−Mi madre no es así. Cuando toma una decisión no hay quien se la quite de la cabeza.

La azabache se quedó sin ideas con las que excusar a su suegra y a ella misma.

−¿No tendrás tu algo que ver? −preguntó al observar el sospechoso comportamiento de la mayor.

La azabache se quedó muda. No le gustaba mentir pero tampoco quería afirmarlo.

−Natsu… dime que no…

−No puedo.

Entonces la pelirroja se puso a llorar de nuevo, esta vez de tristeza y furia.

−¡Oh por Dios! ¡Y yo que pensaba que mi madre había cambiado!

− Cariño, espera. Te contaré toda la conversación que tuve con ella…

−No hace falta. −dijo, en un tono tajante que nunca había utilizado con ella.

Y sin más se encerró en la habitación, sintiéndose traicionada.

Natsu se había metido donde no le llamaban y encima a sus espaldas.

Estuvo en el cuarto dos horas mirando el anillo, pensando en lo que había sucedido. Se durmió dos horas más y finalmente salió de la habitación. Tanto pensar le había hecho recapacitar y entrar en razón.

−Lo he pensado. Sí quiero saber la conversación.

La azabache sorprendida dejó el libro que estaba leyendo sobre el sofá.

−Verás… te lo resumiré.

La pelirroja asintió, seria.

− Dijo que quería perder el contacto contigo porque no podía ver como sufrías, que tu sufrimiento es el suyo y no le hacía bien.

−Continua.

−También aceptó ir a la boda porque le conté de tu mejoría. Sé que tú ya lo hiciste por teléfono pero supongo que viniendo de otra persona lo hacía más creíble. Y… aceptó ir a la boda porque quería verte feliz.

−Entiendo. −Dijo la pelirroja cavilando −Sé que lo hiciste por mí, pero deberías habérmelo contado. No hacerlo a mis espaldas.

−Lo sé mi vida y lo siento. Solo quería que volvieras a sonreír.

Y sin más, la pelirroja se acercó a la azabache y poniéndose de puntillas le dio un beso en la frente, como la contraria solía hacer con ella.

−Estás perdonada.

−¿De veras?

−Sí, lo hiciste por mi bien y solucionaste algo que yo había dado por perdido. En el fondo te lo debo de agradecer.

 

 

 

Capitulo 11

 

Había pasado un año desde que Natsu le pidió matrimonio a Fuyu. Faltaban horas para la boda. Natsu prefirió ir con traje y Fuyu con vestido blanco de encajes en el escote y en las mangas. Estaban tan nerviosas ambas que no paraban de dar vueltas.

Habrían pocos invitados. Más bien una única persona: La madre de la pelirroja.

No tenían amigos, la familia de la azabache no sabía ni querían saber nada. Por lo que ella ni pensó en ellos.

Durante la ceremonia Dolores no paró de llorar de alegría, de sacar fotos y de aplaudir. Fuyu nunca imaginó ver a su madre de ese modo. El ”sí quiero” de ambas le llegó al corazón.

Cuando la ceremonia terminó, la mujer se acercó a las dos y sin pudor alguno sacó un tema delicado pero del que, por suerte, las recién casadas ya habían hablado.

−¡Felicidades mis niñas! −exclamó ilusionada, antes de decir cualquier otra cosa.

−Gracias, mamá.

−Gracias, Dolores.

Y después de esa conversación tan trivial, Dolores continuó con lo que tenía en mente:

−Más os vale adoptar a un niño o a una niña. Quiero que la familia siga su curso.

Las recién casadas se miraron y sonrieron.

−Ya lo habíamos pensado, madre.

La mujer sonrió exageradamente.

− ¿Y qué será? ¿Niño o niña?

−Hemos pensado que un niño japonés. −dijo la azabache.

− ¡Un niño! ¡Qué alegría me dais!

Y así terminó la conversación.

 

Sin tener luna de miel, cada una se fue a sus respectivas casas. Fuyu y Natsu estaba exhaustas pero más felices que nunca.

 

 

 

Capitulo 12

 

Kotoma despertó a las dos chicas con lametazos. Hoy sería un gran día para ellas. Celebrarían su boda a su manera. No tendrían luna de miel sino una fiesta que organizarían ellas mismas. Primero fueron al centro de Castellón a comprar ropa. Natsu se compró una sudadera negra con unas letras, un pantalón de deporte y una chaqueta de cuero, Fuyu, en cambio, un jersey con flores, unas mallas y una chaqueta rosa fina. Después comieron en un restaurante Italiano considerablemente caro pero que se podían permitir gracias a los ahorros que tenían. En ese momento no trabajaba ninguna de las dos, pero habían ahorrado por separado durante muchos años. Llegó la noche y Fuyu por alguna razón desconocida estaba más desatada que nunca.

−Darling… −dijo con tono provocador, acercándose a su esposa lentamente. Después se puso a horcajadas y empezó a besarla apasionadamente, completamente desinhibida. La azabache correspondió enseguida cerrando los ojos mientras la otra la acariciaba por todas partes. Cuando ya estaban en el punto de quitarse la poca ropa que llevaban puesta, las interrumpió la llamada de Dolores. El niño estaba en camino.

 

 

Capitulo 13

 

El niño llegó a la casa de las dos chicas acompañado por Dolores. Apenas tenía 3 años y hablaba muy poco.

−Hola chiquitín. −dijo la pelirroja con una gran sonrisa, una sonrisa amable.

− ¡Bienvenido! −añadió la azabache emocionada.

− Gracias…. −contestó el niño con timidez.

− ¿Cómo te llamas? −preguntó Fuyu.

− Me dijeron que vosotras me pondríais nombre, señoras.

Las dos se miraron haciendo una mueca.

−”Mamá”. Llámanos ”mamá” a ambas. −dijo la pelirroja volviendo a tener una sonrisa amable en su rostro.

Pero nada, por mucho que pasaban los días Akatsuki −amanecer− llamaba a cada una por su respectivo nombre. Les había cogido cariño, sí, pero no le salía llamarlas como ellas pedían.

Kotoma le hacía mucho caso y siempre quería jugar con él. Parecía que Akatsuki  solo se mostraba alegre con el animal. Pero con el paso del tiempo, cuando ya pasó un año y el niño cumplió los 4, la situación había mejorado. Era más abierto y cariñoso y hablaba mucho más.

Natsu tenía 21 y Fuyu 20.

−Mamá, ¿me traes el libro, por favor?  −le pidió Akatsuki a Fuyu a la cual hacía tiempo que llamaba así.

− Claro, cariño. ¿Cuál es?

−Pregúntale a Natsu. Ella lo recogió.

La azabache, de morros, los escuchaba celosa. Siempre ”Natsu”.

−Tch… −se quejó por lo bajo. Últimamente estaba de mal humor. Quería mucho al niño y parecía que él a ella no tanto.

Al poco tiempo entró la pelirroja en la habitación.

−Darling, ¿dónde dejaste el libro de Akatsuki?

− El mío. −corrigió ella. −Que no se os olvide que yo se lo dejé.

− Sí, el niño sacó tu afán por leer. −dijo la pelirroja con una sonrisa. −Le enseñaste muy bien.

Sin poder evitarlo la azabache sonrió orgullosa.

−Aquí está.

Y se lo fue a dar a la pequeña pero el niño entró por la puerta.

−Mamá. -dijo refiriéndose por primera vez a Natsu.− Gracias.

Dijo con una sonrisa cogiendo el libro. Después se marchó sin más.

A Natsu le cayeron lagrimones de felicidad.

A Akatsuki le divertía ver como se ponía celosa de su otra madre, por eso lo hacía. Por esa razón la llamaba por su nombre hasta que dejó de ser divertido. Así se lo explicó a Natsu cuando se lo preguntó.

La quería tanto como ella a él.

 

 

Capitulo 14

 

Se estaban quedando sin ahorros desde que llegó Akatsuki. Una de las dos o las dos tendría que trabajar. Debían pagar el alquiler, la comida, la electricidad, el agua, los libros de Akatsuki, el material que éste necesitaba para la escuela, la comida de Kotoma…

−Muñeca, esto solo da para un mes…

−Dios… ojalá nos cojan. –dijo cruzando los dedos índice y corazón tratando de llamar a la suerte. Ninguna de las dos era creyente. Ninguna de las dos rezó.

El niño notaba a sus madres nerviosas todo el día. Sin poder olvidar el tema que les atormentaba, por lo que decidió proponer algo descabellado pero que tenía sentido para él.

−Mamás, yo trabajaré. −dijo con toda la buena intención del mundo.

Ellas rieron y lo miraron con ternura.

−No hace falta, cariño, nosotras nos ocuparemos. −dijo la pelirroja sin mencionar que con 4 años no podía hacer más que ir a la escuela. No quería herir su orgullo ni despreciar sus buenas intenciones.

Natsu había escrito un libro y lo había llevado a una editorial. Si lo aceptaban y se vendía conseguiría traer dinero a casa. Fuyu en cambio envió currículums para peluquera. Le encantaba aquella profesión.

 

 

 

 

 

Capitulo 15

 

Tres días más tarde llamaron para decir que el libro de Natsu era fantástico y que se pondría en venta nada más se pudiera. Las dos se besaron y abrazaron, abrazo al cual se unió Kotoma moviendo el rabo. Estaban teniendo tanta suerte que a los dos días llamaron a Fuyu. La habían cogido para trabajar como peluquera. Junto al currículum envió un álbum con los estilos que había peinado a lo largo del tiempo. Utilizó ilegalmente su casa como una peluquería gratis para poder hacerlo y nunca la pillaron. Sabía que le acabaría sirviendo en un futuro.

Las dos chicas se estaban distanciando desde que la pelirroja encontró trabajo. Se querían como siempre pero apenas se veían, tan solo a la hora de cenar y dormir, y, con suerte, el fin de semana, el cual aprovechaban para darse cariñitos y atender a Akatsuki y Kotoma.

Natsu se sentía vacía al mirar alrededor y no ver la sonrisa de su esposa, ni sus cabellos rojizos, ni su ropa de flores o de estampados de animales que la hacían ver adorable. Se sentía tan vacía que durante aquella temporada estaba sin ganas de nada, queriendo que el tiempo transcurriera mucho más rápido y los días se hicieran más cortos. Por otra parte, la contraria ya se había curado hacía tiempo y se la veía feliz con su nuevo trabajo.

Dolores llamaba un día a la semana para ver qué tal estaban. Natsu casi siempre se ponía a llorar contándole su situación. Dolores se alegraba por Fuyu, pero sufría por la mayor, a la cual ya quería como a otra hija. Así que un día se presentó por sorpresa en casa de las chicas.

 

Capitulo 16

 

Al abrir la puerta, Kotoma salió disparado con la mala suerte de que un vehículo le atropellara. Llevaba dos días sin salir de casa y estaba tan ansioso por hacerlo que en el primer descuido se escapó. Dolores y Natsu fueron corriendo a ver qué tal estaba, pero ya no había vida en ese cuerpecito. Estaban espantadas, boquiabiertas, con las manos en el rostro. ¿Cómo iban a darle la noticia al niño? ¿Y a la pelirroja? Mientras la azabache lloraba, Dolores trataba de animarla.

Akatsuki apareció por la puerta. Acababa de llegar del colegio y lo primero que vio fue a su madre llorando mientras su abuela hacía todo lo posible para que se calmara. Le contaron la noticia y él reprimió las ganas de llorar. Desde que había llegado a esa casa nunca había llorado y no lo iba a hacer ahora.

Mucho más tarde llegó la pelirroja y al ver que Kotoma no la recibió preguntó por él.

− ¿Dónde está mi preciado bichito? –preguntó, canturreando.

−Muñeca… esta misma tarde murió.

La pelirroja hizo un puchero muy sorprendida. Iba a llorar también. Las dos se abrazaron. Natsu acariciaba la cabeza de Fuyu dulcemente y estuvieron así al menos unos cinco minutos. Después, Natsu por fin le dio una buena noticia, pensando que era buen momento para cambiar el triste ambiente que había inundado la casa.

−Muñeca, ya no hace falta que trabajes, mi libro se vendió mucho.

La contraria sonrió como pudo.

−Lo sé, me lo dijeron por teléfono. Mi jefa me dijo que en cuanto me hiciera falta de nuevo el trabajo, me aceptaría sin pensárselo dos veces.

Ahora Natsu también sonrió. Por fin, podían estar juntas de nuevo.

 

 

Capitulo 17.

 

Dolores se quedó a comer y, cuando vio el ambiente más calmado, se fue a casa con algo de preocupación en el cuerpo. La azabache estaba triste al igual que su mujer pero, como tenían la compañía de la otra ninguna de las dos se volvió a derrumbar.

Akatsuki se puso hacer sus deberes. Era un niño listo, inteligente y autónomo. La azabache leía en el sofá de al lado y Fuyu dormía junto a ella sobre su regazo. Estaba realmente cansada.

La depresión de Natsu desapareció con el tiempo como había pasado con la de la pelirroja. El hecho de que su mujer estuviera en casa de nuevo la hacía feliz pese a los malos tragos que había tenido que soportar. Volvieron a su rutina de siempre. Una de las dos se despertaba y besaba los labios de la que aún dormía. Desayunaban juntas un café cargado con algún dulce. Más tarde se despertaba Akatsuki y se iba a la escuela con el almuerzo que le preparaba la azabache antes de desayunar.

El niño cada día leía más para orgullo de las madres. Con 4 años y medio su interés era de admirar. Era mucho más maduro que cualquier otro niño de su misma edad. Tal vez por su pasado, que nunca contó a sus madres pero que en tres meses iban a conocer.

 

Capitulo 18

 

El mismo día que Akatsuki cumplía 5 años llamaron a la puerta. Lo que no sabían las chicas es que nunca deberían haber abierto. Era el padre del niño suplicando que se lo devolvieran. Ellas rechazaron la petición una y otra vez hasta que el señor se coló en la casa.

−Mi niño, ¿dónde estás? −preguntó a la nada.

Akatsuki fue a ver qué ocurría. Reconoció el rostro del individuo enseguida.

− ¡Asesino!  −gritó el niño perdiendo los papeles por primera vez en su vida.

Las chicas se miraron perplejas ante el comentario del hijo.

−¿Qué demonios está pasando aquí? −preguntó la azabache alternando la mirada con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

− ¡Váyase! −Gritó el niño.

Entonces las madres se pusieron en marcha y trataron de echar al hombre de la casa, pero él, persistente, se resistía.

− ¡Yo la maté, pero por ti, niño mío! −repetía.

En un ataque de furia Akatsuki se abalanzó y le pegó un puñetazo en el abdomen. Las chicas aprovecharon para echarle de casa. No sabían si preguntar al niño lo que estaba sucediendo, pero al final decidieron que sí. Debían saberlo.

− ¿Qué ocurre, Akatsuki? −preguntó la azabache preocupada.

− Él… él mató a la señora que me tuvo en su vientre. -dijo afligido.− No tengo recuerdos pero sé que me quería y ese señor me iba a vender como esclavo. Ella me defendió y la mató. Lo leí en unos papeles cuando era más pequeño.

Por primera vez Akatsuki lloró, dejando a las chicas petrificadas. Él se encerró en su cuarto. Las chicas llamaron a la policía y se llevaron en su coche al individuo de ojos rasgados. Se había quedado expectante en la puerta esperando un descuido para llevarse al niño.

 

 

 

Capitulo 19

 

Akatsuki estaba encerrado en su habitación pero consciente de todo lo que pasaba fuera. Desde su ventana vio al sujeto al que tenía que llamar ”padre” llevado por las autoridades. No había cosa que le alegrara más. Salió a la hora de cenar. No estaba dicharachero como normalmente a pesar de que ya se había recompuesto. El individuo tenía el destino que merecía.

Después de cenar subió de nuevo al cuarto y se encerró. Quería descansar. Había sido un día muy duro psicológicamente.

A la mañana siguiente despertó contento. Había descansado de maravilla. Se dirigió a la cocina y ahí estaban sus dos madres.

−Buenos días, cariño. −dijeron a la par.

−Buenos días, mamás. −respondió él con una sonrisa.

Desayunaron todos juntos. Fuyu hablaba de cortarle un poco el pelo mientras Natsu le recomendaba libros nuevos.

− ¿Ya has terminado de desayunar? −preguntó la pelirroja.

− Sí.

−Pues ven a que te corte ese salvaje cabello. −El niño obedeció y se dejó hacer. Tenía el pelo por encima de los hombros y el flequillo largo a un lado. Le hacía mayor de lo que era y por eso le gustaba. Sin embargo, no rechistó cuando su madre le cortó el pelo como el que tenían los demás chicos de su edad. Corto, muy corto, con unas pocas patillas. Era guapo y atractivo con cualquier peinado pese a tener 5 años. Fuyu le hizo una foto y después lo mandó al salón para que Natsu, quien hacía tiempo había terminado de desayunar y estaba leyendo en el salón, lo viera.

−¡Mira qué guapo está nuestro niño! −exclamó la azabache, silbando después. −Fiu Fiu.

Todos rieron.

− ¡Exagerada! −Dijo el niño fingiendo modestia.

 

 

Capitulo 20.

 

Las cosas cambiaron extraordinariamente cuando Akatsuki se hizo adolescente. Fuyu tenía 29 y Natsu 30. Por ese entonces el niño tenía 14. Se había vuelto una persona que no podía ver más allá del pasado desde que soltaron a su padre de la cárcel. Quería venganza y la iba a tener. Ya conocía su paradero y ese mismo día estaba decidido a ir para rechazarle. No imaginó mejor castigo. Pero todo se torció. Cuando llegó al domicilio, se pusieron a discutir y el padre más que dolido por las palabras del hijo, cogió una navaja del pantalón y se la entregó al niño. La cogió por un acto reflejo y el individuo, del cual no sabía ni el nombre, cogió las  manos del niño y se la clavó en su propio cuerpo.

−¡Auxilio! ¡Mi hijo me quiere matar!

Y un manto de personas se formó alrededor de ellos, presenciando como el menor sujetaba la navaja clavada en el abdomen del hombre. Llamaron a la policía y se llevaron a Akatsuki a la comisaria, repitiendo un ”Yo no fui”.

Tanto Natsu como Fuyu le creyeron cuando les contó la historia, pero los policías no se lo tenían tan claro. Habría un juicio.

 

 

 

 

Capitulo 21.

 

Llegó el día del juicio y todo apuntaba a que se llevarían a Akatsuki a un centro de menores para que cuando cumpliera los 18, llevarlo a la cárcel. Cuando el juez iba a dar su veredicto apareció Dolores gritando.

− ¡Tengo pruebas de que es inocente, señor juez!

Todos se quedaron boquiabiertos, aceptando cualquier prueba concluyente. El Juez cedió la palabra a la señora para que se explicara.

−Señor Juez, ese día perseguí al niño a escondidas. Verá, estaba muy sumido en sí mismo y me temía que hiciera alguna tontería.

−Continúe. −ordenó la defensa de Akatsuki sin darse cuenta de que no era su turno.

− Bueno, como iba diciendo, lo seguí y lo vi todo. Y no solo eso. Sino que lo grabé. Sé que no está permitido, pero me temía que ese señor −dijo señalando al padre− haría alguna de las suyas, como agredir a mi nieto o intentar llevárselo de nuevo.

−Procedamos a ver el video. −dijo el juez y Dolores lo expuso inmediatamente.

− ¡Está editado! −gritó el culpable como un loco.

−Otra señora también se había alarmado por los gritos de la discusión y presentó la misma defensa de los hechos. −dijo el defensor del menor.

Tras mucho debatir, finalmente el juez dio su veredicto:

− Bien. Ya está decidido. ¡Inocente!

Y todos suspiraron de alivio menos el verdadero culpable, que fue llevado de nuevo a la cárcel. Esta vez para estar mucho más tiempo.

Las madres se levantaron y junto a Dolores abrazaron al niño. Él correspondió tembloroso. Se fueron a casa y cada uno estaba en su mundo, como queriendo olvidar el tema,  pero felices.

La azabache de repente vitoreó:

−¡Familia unida para siempre!

− ¡Para siempre! -Respondieron los tres y todos juntaron las manos.

 

 

 

 

Capitulo 22.

 

Desde ese día la personalidad risueña del niño resurgió. La tormenta de su pasado desapareció tras haber cumplido su venganza. Estaba más unido que nunca a su familia y todo marchaba a la perfección. Era el número uno de su clase, siempre sacando 10 en todas las materias. Seguía siendo estudioso y autónomo, para orgullo de sus madres. Ahora le dejaban salir solo con sus amigos y su nueva novia Hanna. Era más maduro que cualquiera de ellos. Les proporcionaba sentido común y ellos a cambio le obligaban a hacer cosas de acorde con su edad. Como jugar videojuegos. Él prefería leer, pero eso tampoco estaba mal. No quería ser un solitario sin amigos.

−Aki, ¿no es hora de que me lleves a tu casa? Quiero conocer a tus madres, a las que tanto admiras y de las que hablas maravillas. –Akatsuki se avergonzó tras las palabras de Hanna. Le daba vergüenza reconocer que tenía esos sentimientos hacia sus madres.

−Sí… claro… −respondió sin ganas. Le daba miedo que las chicas se emocionaran excesivamente y lo dejaran en ridículo como en otras ocasiones con sus amigos.

Se pusieron en marcha, sin hablar por el camino. Hanna se cogió del brazo de Akatsuki y la guio hacia su casa. Una vez llegaron, a paso lento, el adolescente abrió la puerta. Desde hacía un tiempo tenía llaves propias. Teniendo la educación de respetar a las chicas y de ser un caballero hecho y derecho, dejó pasar primero a Hanna, que entró con una gran sonrisa mirando a todo su alrededor.

−Ya estoy aquí. −dijo sin saber si alguien le escuchaba.

Hanna, cogida de la mano de su chico, se adentró cada vez más en casa desconocida hasta que divisó a las chicas en el salón.

−Mamás, quiero presentaros a alguien. –dijo entre serio y avergonzado. –Esta es mi novia. Se llama Hanna.

Las chicas se quedaron atónitas pero enseguida esbozaron una sonrisa.

−¡Hola! –saludó la chica con energía. –Aki me ha hablado mucho y muy bien de vosotras. Me moría por conoceros. −dijo mirando a ambas.

−P-pero, calla… −reprochó con un hilillo de voz, más que avergonzado. No quería que esa información se supiera, pero ya no había marcha atrás.

Hanna lo miró con los ojos brillantes. Le encantaba ese lado tierno de su novio.

La pelirroja se acercó a ella. Parecía simpática y creyó que podía pedirle un favor:

−Cuídalo bien, ¿vale? −le dijo, guiñando un ojo.

− ¡Por supuesto! −contestó sincera con rapidez y una gran sonrisa.

−Bueno, si queréis intimidad, podéis ir a tu cuarto, Akatsuki. −dijo la azabache, queriendo realmente quedarse a solas con Fuyu. Tenía planes para ella.

Sin más, ambos obedecieron y fueron a la habitación del chico. Ella se sentó en la cama y él en una silla frente a ella. Era hermosa. Tenía el pelo negro liso hasta el ombligo, unos ojos color grisáceo, unos labios carnosos y una gran figura.

Él era atractivo, de pelo corto, facciones marcadas, ojos rasgados y oscuros y figura delgada pero con abdomen bien señalado. Eran como una pareja de modelos.

 

 

 

Capitulo 23

 

Akatsuki y Hanna estuvieron hablando sobre libros, museos y teatro. Tres temas que les apasionaban. Compartían gustos y aficiones y se emocionaban por lo mismo pese a la diferencia de personalidades. Ella era muy entusiasta, energética y odiaba estudiar a no ser que el tema le interesara, cosa que rara vez pasaba. Él era más maduro y responsable además de que le encantaba estudiar cualquier asignatura. Amaba aprender cosas nuevas.

−Mañana volveré, necesito que me expliques matemáticas.

−”No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” −citó él.

−Está bien…

Y ella sacó una libreta. Estaba llena de dibujos y garabatos, nada relacionado con la asignatura. No atendía en clase cosa que al contrario le molestaba.

−A ver, las ecuaciones…

Empezó a explicarle. Ella de vez en cuando se distraía y él le llamaba la atención, siempre con paciencia. Se hizo tarde. Hanna salió de la habitación, se despidió de sus suegras con un beso en la mejilla y salió por la puerta. No sin antes darle un beso en los labios a su novio, el cual se sonrojaba cada vez que lo hacía.  A ella le encantaba esa reacción.

 

 

Capitulo 24

 

Mientras los chicos estaban en la habitación, Natsu y Fuyu aprovecharon para ver una película en un ambiente romántico. La pelirroja estaba acurrucada con la cabeza apoyada en el hombro de la azabache, y ella tenía la cabeza apoyada en la de la pelirroja. Estaban viendo una película de miedo pero eso no arruinaba el ambiente, más bien ayudaba. Cuando la pelirroja se asustaba se aferraba a la azabache como si ésta la protegiera de cualquier mal, ya que era menos asustadiza y no se inmutaba cuando pasaban horrores en la película. Natsu solo quería disfrutar de la cercanía y el contacto que tenían. Después de un tiempo se separaron al oír que Hanna se iba.

Cuando Akatsuki finalmente se quedó solo, miró a sus madres con curiosidad.

− ¿Ocurre algo, cariño? −preguntó la pelirroja al ver cómo las miraba.

−¿Cómo lo hacéis para quereros tanto?

Ninguna de las dos supo qué responder por lo que el joven cambió la pregunta.

− ¿Qué es lo que os hace quereros tanto?

Y ambas se pusieron a pensar, contestando por turnos enumerando razones.

−Nos cuidamos mutuamente.

−Nos apoyamos pase lo que pase.

−La felicidad de una se convierte en la felicidad de la otra.

−Nos echamos de menos cuando estamos alejadas…

− Entiendo. -dijo él cavilando hasta que finalmente sonrió satisfecho.

− Entonces mi amor por Hanna es como el vuestro. Seguro que duramos. -concluyó.

Las chicas se miraron gratamente sorprendidas. No sabían que iba tan en serio en su relación.

 

 

Capitulo 25

 

Hanna siempre había sido envidiada por las chicas del instituto por su belleza y personalidad explosiva y natural. Tenía mucho éxito con los chicos al igual que Akatsuki con las chicas. El hecho de que fueran pareja era la gota que colmaba el vaso. Las chicas, la mayoría desconocidas para Hanna, empezaron a hacerle bullying. No soportaban que su vida fuera tan perfecta comparada con la de ellas, y querían venganza. Todas se hicieron cómplices con tal de conseguir su propósito: hundirla en la miseria. Comenzaron a inventarse rumores como, por ejemplo, que se había operado la cara y que antes era muy fea, o cosas peores como que engañaba a Akatsuki con cualquiera.  Obviamente nada de eso era cierto, pero la gente lo empezó a creer pues habían muchas bocas que decían lo mismo. Todo estaba bien si la única persona que le importaba no dudaba de ella, pero hasta él comenzó a creerlo.

−Aki, por favor… créeme.

− Yo ya no sé qué pensar de ti.

− Te juro que no te he engañado con nadie.

− ¿Y por qué ese chico estaba a punto de besarte?

−Seguramente se creyó los falsos rumores sobre mí y pensó que era presa fácil. Pero no es así.

− Tampoco vi que fueras a apartarte.

− Estaba en shock. −dijo ella, comenzado a llorar.

− ¡Por favor Aki, confía en mí!

Y le dio otra oportunidad, dejando a un lado la duda.

Pasados unos días, al ver que Akatsuki y Hanna seguían juntos, las chicas comenzaron a maquinar actos que pudieran perjudicarla.

Le robaban material, ponían palabras malsonantes e insultos en su pupitre, la chica de atrás en un descuido le cortó su hermoso cabello, a la hora del patio la mojaron entera con la manguera y se resfrió. Lo soportaba todo como podía sin pedir ayuda hasta que cansada y con fiebre se quedó en casa una semana, justo como las chicas querían, aprovechando su ausencia para volver a la carga con los rumores. ”No viene a clase porque está con un chico”

 

Capitulo 26

 

Akatsuki, antes de creer en falsos rumores, se dirigió a la casa de Hanna para hablar con ella. Entonces fue cuando vio a un chico cuidándola. En seguida malpensó y sin darle tiempo a la chica para explicarse se fue corriendo repitiendo un ”se acabó”.

El chico que había visto era el primo de su ahora exnovia, pero él no lo sabía y nunca lo llegaría a saber porque Hanna ante tantas adversidades se cambió de instituto y de casa.

Esa fue su primera y última historia de amor. O así lo tenía pensado él.

Nada más llegar a casa se encerró en la habitación sin querer saber nada de nadie. Sus madres sabían que solo hacía eso cuando estaba mal, así que fueron a su cuarto con intenciones de saber lo que ocurría y de ayudarle con lo que fuera.

−Cariño, ¿qué ocurre? −preguntó la pelirroja acariciándole el cabello.

−Nada. Dejarme solo. −repetía cada vez que le preguntaban.

− O nos lo dices y acabamos con esto o nos quedamos aquí. −dijo la azabache haciendo de mala con tal de poder ayudarle.

−Hanna me engañó. Nunca tendré una relación como la vuestra. −respondió sollozando.

Las dos chicas se miraron.

−Cariño, sé que ahora sientes dolor. Pero el tiempo todo lo cura. −dijo la pelirroja dulcemente.

Entonces le abrazó y Natsu se sentó a su lado dándole un beso en la mejilla.

−Cualquier cosa que necesites, ya sabes, las super mamás están a tu servicio. Familia unida para siempre. -añadió la pelirroja.

−Por el momento quedaos aquí conmigo, en silencio. −pidió, y las dos aceptaron sin decir palabra.

 

Capitulo 27

 

Dolores fue a visitarles un día después. Las chicas la pusieron al corriente de todo y ella para darle una alegría a su nieto le compró una entrada para el teatro. La función era ”La flauta mágica”. Una de sus preferidas.

Él por no hacerle el feo a su abuela aceptó, en el fondo a regañadientes. Pero al final resultó que Akatsuki disfrutó de la función como el que más, olvidándose por completo de sus problemas. Se lo agradeció mil veces a su abuela, la cual estaba encantada, feliz y orgullosa de ella misma. Además del mérito que tenía su nieto, tenía una gran entereza.

Volvieron a casa. Akatsuki no estaba bien del todo, pero no se encerró en su habitación sino que se quedó en el sofá leyendo junto a Natsu, quien leía otro de sus libros mientras Fuyu cosía unos pantalones rotos de su mujer. A ella le gustaba hacerlo y la mayor no tenía paciencia con los hilos. Dolores mientras preparaba la cena. Por el olor se podía adivinar que era cocido. Uno de los platos que le devolvían la niñez a la pelirroja.

Una vez la cena lista, todos se sentaron en la mesa.

−¿Qué tal la obra? −preguntó la azabache.

− ¡Genial! −contestaron a la par abuela y nieto.

Todos rieron de su sincronización.

Terminaron de cenar y cada uno se puso con sus cosas de nuevo. Dolores se fue.

Llegadas las 12 todos se fueron a dormir. Akatsuki al día siguiente tenía instituto.

 

Capitulo 28

 

El día en el instituto fue normal. Las chicas detrás de él, los profesores encantados con sus notas… solo faltaba Hanna. Le traicionó, sí, pero la echaba de menos. Los sentimientos no cambian de un día para otro.

Iba cabizbajo por los pasillos. Cada parte de ese lugar le traía un recuerdo diferente junto a ella. Especialmente las taquillas, donde se dieron su primer beso.

Ese día, por primera vez no atendió en clase. Sus sentimientos sin poder evitarlo, se anteponían a su cabeza. Debía olvidarla o sus notas recaerían. Sin embargo,, no podía.

 

Pasaron 5 años. Él tenía 19, Fuyu 34 y Natsu 35. Pese al curso del tiempo seguía sin poder olvidarla. ¿Por qué el destino le hacía ese mal? se preguntó. Él siempre había sido un buen chico, nunca se había portado mal con nadie a no ser que se lo mereciera, entonces, ¿qué fallaba?

Harto de todo se fue a dar un paseo con las manos en los bolsillos. Llevaba una pequeña perilla, una sudadera y un pantalón vaquero azul marino. Iba cabizbajo sumido en sus pensamientos, hasta que de repente chocó con alguien.

Al principio no la reconoció, pues estaba más apagada, con los ojos llenos de tristeza y una mueca que mostraba su descontento con el mundo. Pero, ¡era ella! después de tanto tiempo, tenía al amor que no había podido olvidar después de tantos años delante.

−Perdón. −se disculpó ella.

−No pasa nada…. −y él, haciendo como que no la reconoció, fue a marcharse hasta que una mano fina y suave, pequeña, sujetó su muñeca.

−Sé que sabes quien soy.

− Y yo sé que sabes que me quiero ir.

− No sin antes escucharme.

Él se dio media vuelta y de nuevo estaban cara a cara.

−Te escucho. −dijo, pese a que su mente le decía que se fuera. Pero hizo caso al corazón y se quedó.

−El que tu viste antes de dejarme, en mi casa… era mi primo.

−¿Por qué debería creer en tus palabras?

− ¿Por qué no? -le devolvió la pregunta.

Él se quedó sin respuesta.

−Ellas me hicieron la vida imposible. Me escribían cosas hirientes en el pupitre, hicieron que me constipara para que me quedara en casa y así empezar de nuevo con los falsos rumores sin que pudiera defenderme. Aprovecharon cualquier momento para hacérmelo insoportable. Y lo peor, es que lo consiguieron. Me separaron de la persona que amaba y con ello se llevaron mi alegría.

Parecía que se iba a poner a llorar en cualquier momento.

Por otro lado, su dolor y sus palabras se escuchaban tan sinceras, que terminó por creerle, sin dudar en ningún momento.

−Está bien, te creo.

Dijo, dolorido por el pasado que usó. ”La persona que amaba”.

Ella sonrió escasamente y se dispuso a hablar de nuevo.

−¿Crees en el destino? −preguntó, alzando su dedo meñique.

−Sí. −contestó él, imitando su gesto.

−Está tan claro que debemos seguir juntos… Es como si pudiera ver el hilo rojo que nos une.

−Pero dijiste que me amabas. En pasado.

−Y te amo. −se corrigió ella. −Nunca pude olvidarte.

Y él sonrió por primera vez desde que se habían encontrado.

−Yo tampoco. −contestó él.

Ella por fin derramó las lágrimas que se había contenido. Él la abrazó.

−Volvamos a estar juntos, mi amor.

−Sí, y no nos separemos nunca más.

−Nunca.

Y la tristeza de los ojos de la chica desapareció.

 

 

  Capitulo 29

 

Akatsuki llegó a casa con Hanna detrás. Fuyu y Natsu no la reconocieron, como había pasado con el chico. Ella saludó tímidamente y les contó la misma historia que a su novio. Ellas la creyeron inmediatamente, compadeciéndose de ella.

−Lo siento tanto… −dijo la pelirroja.

−Bueno, solo queda decir que, ¡bienvenida a la familia de nuevo! −añadió la azabache queriendo alegrar un tanto el ambiente.

Y funcionó, todas las caras tristes sonrieron.

−Familia unida para siempre. −dijeron los tres a la vez, como si se leyeran las mentes.

−De todo corazón… muchas gracias. −dijo Hanna, más que conmovida.

 

Ese día Hanna se quedó a dormir junto a Akatsuki. Necesitaba el contacto de la persona que amaba y que tanto había anhelado. Él también.

 

A la mañana siguiente todos estaban mejor.

−¡Esto sí que es el destino! −exclamó la pelirroja de repente.

−Un encuentro predestinado de dos personas que seguían amándose después de años… ¡Casi que estoy celosa de esta historia de amor! −bromeó, aunque en cierto modo lo decía en serio.

− ¡Mamá! −exclamó el chico avergonzado.

− Tienes razón. Nuestra historia también es preciosa, ¿verdad, Darling?

− Verdad, muñeca.

Ambas sonrieron complices y empezaron a desayunar.

Ya llevaban 12 años de casadas y se querían como al principio. Como si el paso del tiempo no hubiera transcurrido.

 

 

Capitulo 30.

 

Akatsuki estaba tan seguro de que Hanna era el amor de su vida que ya tenía un anillo preparado para ella.

Horneó unas magdalenas para el desayuno y en una de ellas metió la joya. No era una idea muy original, pero era mejor que la historia de sus madres.

Le llevó el desayuno a la cama a su novia quien acababa de despertar. Se dieron un beso y él le ofreció las magdalenas.

−Gracias cariño.  −dijo la chica agradecida y empezó a comer hasta que notó algo duro que se sacó de la boca.

− ¿Esto es…? −se quedó muda de repente al ver que era un anillo.

− Sí. ¿Quieres casarte conmigo?

− ¡Por supuesto! −dijo, eufórica, poniéndose ella misma la joya en el dedo anular, abrazando seguidamente a su prometido llena de felicidad.

Él reunió a todos en el salón, incluida a Dolores, y les contó la noticia:

−Nos vamos a casar.

−Y además… −añadió la chica mientras todos la miraban expectantes.

−Estoy embarazada. El día que dormimos… hace una semana…

Todos se levantaron del sofá y dieron la enhorabuena  a la pareja. Él estaba que no cabía en su gozo por la noticia que dio su prometida.

− ¡Voy a ser bisabuela! −exclamó Dolores.

Después Natsu y Fuyu se miraron sonrientes. ¡Ellas iban a ser abuelas!

 

 

 

 

Capitulo 31.

 

Al día siguiente después de una larga noche sin apenas dormir por la emoción, Natsu, Fuyu y Dolores acompañaron a  Hanna a comprarse el vestido de novia. Iba a casarse en dos días para que el embarazo no se le notara. Después de probarse unos cuantos vestidos encontró uno que le venía a la perfección y que era precioso según todas. Era blanco, liso, de palabra de honor. Tenía desde un poco más abajo de la cintura hasta los tobillos volantes y unos encajes en la zona del pecho, los cuales le daba un toque aún más refinado. Una vez comprado, volvieron a casa después de tanto viaje y tanto probarse vestidos. Había hecho también una sesión de fotos pedida por Dolores. Quería tener el recuerdo en papel. Estaba agotada, aunque al llegar a casa lo primero que hizo fue esconder bien el vestido para que su prometido no lo viera antes de tiempo. Quería que fuera sorpresa. Suspiró, cerró los ojos unos minutos y se quedó dormida sin darse cuenta. Cuando despertó ya eran las 4 de la mañana. Su prometido tampoco dormía. Había encontrado trabajo como profesor de lengua y estaba corrigiendo unos exámenes que tendría que entregar a sus alumnos al día siguiente. Hanna se levantó, le beso la nuca y le dijo en su susurro:

−Ánimo amor.

Después se volvió a la cama mirando la sonrisa que había provocado en su prometido. Él concentrado seguía con su trabajo. Cerró los ojos de nuevo y se volvió a dormir en cuestión de escasos minutos.

Cuando amaneció Hanna se levantó de la cama. Akatsuki seguía durmiendo y no quiso despertarlo, a saber a qué hora se acostó. Se fue a desayunar y cuando miró la hora, ya eran las 7. Tendría que despertarlo sí o sí para que fuera al trabajo, pero para su sorpresa, él ya estaba arreglándose. Ella se acercó y le abotonó la camisa, mimándolo. Mientras tanto, de refilón, miraba el abdomen marcado del muchacho, mordiéndose el labio inferior inconscientemente.

 

 

Capitulo 32.

 

Cuando pasaron los dos días y llegó la boda, todos estaban más que resplandecientes. El novio esperaba con su traje en el altar a que entrara la novia, nervioso pero feliz a la vez.

Cuando por fin entró, todos los invitados aplaudieron.

− ¡Vaya chica guapa! −exclamó uno de los amigos de Akatsuki.

El resto se rieron y Hanna sonrió como dando las gracias.

Ambos dijeron el ”sí quiero”  y tras el beso, todos aplaudieron de nuevo.

No había banquete debido a que no les dio tiempo a prepararlo todo, pero si había una gran tarta que todos disfrutaron.

Al volver a casa, decidieron seguir la tradición de no tener luna de miel. En cambio, se permitirían el lujo de comprarse un apartamento. Cerca de las chicas.

 

Pasó un mes y ya no vivían con Fuyu y Natsu. Vivían solos a cinco minutos de ellas. El vientre de la chica crecía por semanas al igual que su pecho. Los vómitos comenzaron al igual que las bajadas de tensión. Hanna hacía reposo durante casi todo el día y Akatsuki se ocupaba de las tareas de la casa ayudado por Dolores que de vez en cuando iba a controlar como iban las cosas.

Era un mujer que se preocupaba por todo, a la que le gustaba tenerlo todo bajo control y ayudaría a cualquier ser querido con tal de que no entraran en una depresión como la que tuvo su hija.

Había cambiado −para bien− mucho desde la primera conversación que tuvo con Natsu. Después de ayudar se iba a casa de las chicas

y hacía lo mismo. Después, tranquila de que todo fuera bien se iba a su propia casa.

 

Capitulo 33

 

 

Dolores estaba realmente mal. Ya no podía moverse como antes, tenía más arrugas y una tos horrible. Ella sabía que tenía los días contados y necesitaba que esos días fueran por lo menos un mes más. Faltaba una semana para que Hanna rompiera aguas y tuviera a la niña, según le dijeron los médicos, pero cinco días antes de tiempo nació.

−Es tan chiquitita y bonita. −dijo la madre llena de ternura.

Akatsuki sonrió.

−Lo es. Bonita como la madre.

−Aki… por favor… −dijo avergonzada.

Él chico rio con escasez.

Después de un gran rato de descanso mientras los doctores y enfermeros se ocupaban de todo, apareció Dolores gritando como una loca.

− ¿Y mi niña? ¡Necesito verla!

exclamó entrando a la sala donde se encontraban todos.

−Disculpe señora, no puede estar aquí.

Y ella haciendo caso omiso se acercó a la pequeña y empezó a hablar con ella.

−Mira, pequeña, soy tu bisabuela. No sé cuánto tiempo duraré, pero estoy realmente feliz por verte. Seguramente cuando crezcas no te acordarás de mí, pero yo moriré teniéndote en mi corazón. Me hubiera encantado tener recuerdos contigo, ver como crecías y te convertías en una mujer hecha y derecha, pero por lo visto no va a poder ser.  Me disculpo de ante mano. Tienes unas abuelas geniales y unos padres que te querrán con toda su alma. Sé que estarás bien, pero por alguna razón, estoy triste.

−dijo, como si la recién nacida le entendiera.

 

 

Capitulo 34

 

 

Natsu y Fuyu fueron a comprarle ropa y pañales a la niña, a la cual llamaron Samanta. De alguna forma querían ayudar económicamente a la pareja ya que ahora tendrían muchos gastos.

Le compraron un pelele rosa con animales de estampado, otro blanco con un biberón de dibujo y una camisa de rayas moradas y azules. Después los pañales. La talla más pequeña. Se lo llevaron todo al apartamento de los padres quienes las recibieron con una gran sonrisa, agradeciéndoles el detalle que habían tenido con ellos.

El padre le cambió el primer pañal a Samanta con torpeza, mientras la madre seguía haciendo reposo en la cama.

Ella le daba el pecho y le cantaba nanas antes de dormir. Tenía una voz dulce y entonada. Akatsuki estaba con baja de paternidad, por lo que podía hacer el resto hasta que su mujer se recuperara del todo y se repartieran la faena.

Pasó una semana y Hanna se puso a hacer ejercicio y dieta. Quería volver a tener la forma de su cuerpo antes del embarazo. Una figura que enamoraba a cualquiera.

Por otro lado, Dolores cada día iba a peor, así que fue a casa de su nieto, sin separarse de la niña y sin dejar de explicarle las historias que le hubiera gustado contarle cuando se hiciera más mayor. Fuyu y Natsu también fueron al enterarse del estado de su madre y suegra. Ese día toda la familia durmió junta. Y antes de acostarse, ella susurró un ”familia unida para siempre”. Todos la escucharon y entendieron el mensaje. Ella misma notaba como su cuerpo dejaba de funcionar. Se fueron a dormir, pero nadie lo consiguió excepto Dolores quien se durmió para no despertar nunca más.

 

 

 

Capitulo 35

 

Era el día del entierro. Natsu y Fuyu estaban llorando abrazadas mientras Hanna sostenía a Samanta y Akatsuki lloraba apoyado en el hombro de su esposa. Ella intentó reprimir las ganas de llorar, pero terminó por hacerlo, al igual que la pequeña. No era un buen ambiente para ella, pero tenía que estar ahí, como su bisabuela hubiera querido.

Cuando se empezó a hacer de noche, el entierro terminó. Akatsuki y Hanna se fueron a su apartamento. Fuyu y Hanna a su casa.

Hanna le dió el pecho a Samanta mientras su marido le hacía compañía. Tenía una mirada triste pero estar con su pequeña familia provocaba que todo fuera más ameno.

Fuyu estuvo llorando todo el trayecto a casa y seguía una vez llegaron. Natsu no sabía cómo consolarla, así que ambas se sentaron en el sofá y se acurrucaron juntas mientras la azabache acariciaba el pelo de la pelirroja.

−No estará descansando en paz, ¡ella no quería morir aún! −dijo la pequeña mientras la contraria le daba un beso en la frente tratando de tranquilizarla, diciéndole sin palabras que todo estaba bien.

−No pienses en eso. Ya se disculpó con la niña. Yo creo que sí descansará en paz.

Y la pelirroja, recapacitando se calmó un tanto, aunque no dejó de llorar hasta quedarse dormida.

La azabache permaneció a su lado, acariciándole la cabeza temiendo que si dejaba de hacerlo, la contraria se despertaría.

−Recuerda, familia unida para siempre. −dijo en un susurro, y la otra sonrió, aún dormida.

 

 

Capitulo 36.

 

Pasaron 5 años. Las cosas habían tomado un curso demasiado tormentoso. La niña se había convertido en una maleducada que trataba fatal a sus abuelas de 39 y 40 años. Los padres ya no sabían qué hacer con ella.

− ¡Pero papá! ¡Son dos mujeres, no deberían estar casadas!

− El amor no entiende de géneros. −dijo él, cabreado pero con paciencia. Habían tenido esta conversación miles de veces.

− ¿Qué amor? ¡Ahí solo hay deseo! ¿Cómo van a quererse dos mujeres? ¡Puaj! −Y Akatsuki sin previo aviso le dio una torta. Quería a sus madres demasiado, no permitiría que hablaran así de ellas.

−¿Quién te ha enseñado esas mentiras? −preguntó él como si nada, cabreado.

−El señor Martín. El de religión. −dijo ella más tranquila, pero enseguida volvió a sus andadas

− ¡Pecaminosas, eso es lo que son! ¡Unas pecaminosas!

Él frunció el ceño.

− Estás castigada. Ves a tu habitación. −dijo él. No podía aguantar ni una sola falta más de respeto.

Ella le sacó la lengua y negó con la cabeza.

− ¿Por qué? ¿Por decir la verdad?

Él ya ni le contestaba.

 

Todo era mentira. El señor Martín no le había enseñado aquello. Todo era cosa suya.

 

 

Capitulo 37.

 

Samanta era homófoba pero contradictoriamente pese a su corta edad, sabía que era lesbiana. Le gustaba Mary. Una niña de su clase. Se odiaba a ella misma y volcaba ese odio en sus abuelas las cuales sí tenían un amor correspondido, no como ella.

”¡Puaj, puaj y puaj! ¡dos mujeres! ¡vaya barbaridad!”

Se dijo a ella misma mientras su imaginación fantaseaba con Mary.

 

Al llegar a casa estaba de mal humor, no probó ni la comida ni la cena. Todo por no estar con sus padres.

Después de unos días todos en clase se reían de ella. Habían descubierto sus sentimientos y para colmo, Mary la miraba con asco.

Ella acarreaba con todas las burlas. Le parecía que eran justificadas. La directora llamó preocupada a su familia, contándoles cada detalle de lo que sucedía en esa clase, sin saber qué más hacer por la pequeña Samanta. Ellos se compadecieron de ella, entendiendo un poco más el porqué de su comportamiento.

 

Sus abuelas fueron ese día a casa para hablar y solucionar las cosas.

 

−Cariño… que te gusten las chicas, no está mal. –dijo la pelirroja

Ella hizo una mueca de asco.

− ¡Seguro que esto es culpa vuestra, me habéis condenado!

− De eso nada. –dijo la azabache con una sonrisa. −El problema está en ti, que no te aceptas. No en nosotras. –añadió, de lo más directa y sincera.

Samanta se echó a llorar.

− ¡Yo no quiero ser así!

Fuyu y Natsu se miraron, preguntando a la vez:

−¿Por qué?

−Porque no es normal. Yo quiero casarme con un hombre que me dé un hijo o una hija de mi misma sangre, y si me gustan las chicas, eso no pasará.

− No te preocupes por eso. Tú solo piensa en ser feliz. –le dijo la pelirroja, a lo que ella asintió inconscientemente.

−Por el momento, empieza por no odiarnos a nosotras, luego empieza por ti. –dijo la azabache. Lo normal sería al revés, pero en este caso así era lo mejor. Empezar por algo más sencillo, ya que, quererse a uno mismo es de lo más complicado.

La niña les miró tristemente y murmuró un ‘’lo siento.’’

 

 

 

 

 

 

Capitulo 38.

 

Las chicas se quedaron a dormir en casa de su hijo durante una semana. Samanta lo aceptó sin rechistar, queriendo empezar a cambiar su mentalidad. Veía como se daban besos llenos de ternura, como se sonreían la una a la otra, sus miradas cómplices, sus caricias inocentes…

Se sorprendió en un descuido pensando que ella quería una vida así. Tan perfecta. Tan bonita.

Descubrió que el amor de dos chicas funcionaba tan bien como la que había visto toda la vida. La de su padre y su madre. La de hombre y mujer. Y entonces, empezó a aceptarse a ella misma en cuestión de días. Al igual que aceptó a sus abuelas las cuales eran cariñosas con ella como si nunca las hubiera rechazado. Eran de las mejores personas que había conocido. Estaba orgullosa de que fueran parte de su familia, aunque no fuera de sangre.

Todos vieron ese cambio en ella. Estaba más relajada, ya no contestaba mal y se portaba más que bien. Se pasaba el día hablando con Natsu y Fuyu, hasta el día que se fueron a su casa de nuevo. Seguía sonriente, dicharachera con sus padres y en cuanto en el colegio se burlaban de ella decía:

−Sí, me gustan las chicas y no puedo estar más orgullosa de ello.

Y todos se callaban. Los niños algunas veces pueden ser crueles y solo se meten con una persona cuando ven que hacen daño, sino dejan de divertirse. Así que eso fue lo que pasó. Todos dejaron de hablarle, pero no le importó. ¿Quién querría como amigos a personas, más bien basura, como esa? Se decía a ella misma.

 

Natsu y Fuyu estaban más que felices. Su querida nieta por fin las aceptaba. Entre tanta alegría no sabían que el destino les depararía una de las suyas. No todo podía ser tan bonito.

Tocaron a la puerta y Fuyu abrió, teniendo a la azabache detrás, pendiente de lo que pasaba. La pelirroja no se podía creer lo que estaba viendo.  ¡Era el chico con el que había tenido una cita hace años!

− Hola. –dijo el chico, entregándole una carta. Después se dio media vuelta y se fue.

−Espero tu respuesta. –añadió desde la lejanía.

 

 

Capitulo 39.

 

Natsu y Fuyu se sentaron el sofá. La pelirroja estaba desconcertada y la azabache de mal humor.

–Abre la carta. A ver qué te tiene que decir ese desgraciado.

–Ya voy…

Y la abrieron.

”Hola Fuyu. Sé que estás felizmente casada pero creo que esa chica no te conviene. Desde nuestra cita no he conocido a ninguna persona tan fantástica y risueña como tú. Eres hermosa, tu cabello rojizo, tus ojos verdes que se pueden comparar con la mirada de un tierno felino, tus pequeñas y suaves manos, tu labios carnosos que no llegué a probar. No puedo y nunca podré olvidarme de ti. Sé que no solo te gustan las mujeres, así que aquí te dejo mi número para cuando quieras quedar conmigo. Me gustaría empezar por ser tu amigo, aunque con la esperanza de que lleguemos a ser algo más.

¡Un besazo guapísima!”

 

Aquellas palabras le llegaron al corazón, el cual palpitaba más deprisa de lo normal, queriendo que simplemente fuera por la emoción.

Ese chico desde siempre había sido su tipo.

Se mordió el labio inferior y para su sorpresa la azabache no dijo nada. Simplemente dolida, ya que conocía a su esposa y sabía de sus reacciones y pensamientos, se fue a la habitación. Fuyu de vez en cuando iba a la puerta, preguntándole si estaba bien.

No recibía nunca respuesta, tan solo un malhumorado ”déjame”.

 

 

Capitulo 40.

 

Su esposa no salía de la habitación. Hacía días que no comía. Se sentía inferior al chico que le trajo la carta y tenía muchísimo miedo de que Fuyu la reemplazara. Lo que no sabía es que el estar encerrada solo hacía que las cosas empeoraran.

 

Fuyu, cansada de no obtener respuesta, dejó de subir a preguntar. ”¿Y si Dario tiene razón y Natsu no me conviene?” Se arrepintió de ese pensamiento al segundo de tenerlo. Ella la amaba, no la traicionaría aunque se sintiera tentada de llamar al chico en alguna que otra ocasión. ”Solo es curiosidad por saber cómo ha cambiado.” Se justificaba ella.

Harta de esos pensamientos perturbadores tocó a la puerta de la habitación con más insistencia que nunca, hasta que la azabache salió. Estaba más delgada.

– ¿Qué quieres?

– Escúchame, voy a llamarle. Pero quiero que estés tu delante.

La azabache sorprendida soltó alguna que otra lágrima silenciosa. ¿La iba a dejar por él?

Empezó la conversación:

–Sí, hola. Soy Fuyu. Quería decirte que no volvieras más. La amo a ella. Y no. No te quiero ni te querré nunca.

La azabache se quedó muda. Fuyu colgó y miró a su esposa con una sonrisa, después se acercó a ella y poniéndose de puntillas le besó la frente. La más alta por fin volvió en sí teniendo aún los ojos llorosos.

– ¿Lo has hecho por obligación?

– Obviamente, no. En un principio me emocionó la idea de que alguien pensara en mi después de tanto tiempo. Pero me tengo más que claro que te quiero, te deseo y te amo a ti.

La azabache sonrió.

 

 

 

Capitulo 41.

 

Volvieron a estar igual de juntas que siempre después de haber solucionado lo de Dario. No volvieron a tocar el tema y desde entonces Fuyu le demostraba incluso más que antes que la amaba. No quería que la azabache tuviera ni una sola duda sobre eso.

 

Ese mismo día llamó Samanta. Hacía mucho que no hablaba con sus abuelas.

– ¡Hola!

– Hola cariño. –dijeron las dos a la par.

– ¿Vendréis a casa? ¡Decirme que sí! Ya os echo de menos.

Ambas esbozaron una gran sonrisa.

– Hoy mismo iremos. –dijo la pelirroja y la azabache asintió con la cabeza.

Tardaron una hora en hacer todas las tareas de la casa y en arreglarse, pero finalmente estaban listas. Salieron de casa y se dirigieron al apartamento de su hijo, el cual no estaría porque estaba en el instituto, dando clases. Trabajando.

Tocaron al timbre y Samanta salió corriendo a abrazarlas con una gran sonrisa. Ellas después de corresponder entraron al piso.

– Hola. –dijo Hanna.

– Hola. –contestaron las dos chicas.

– ¿Cómo va la cosa? –preguntó la chica. Natsu y Fuyu se miraron complices.

– ¡Mejor que nunca! –respondió la azabache, cosa que alegró tanto a Hanna como a la pelirroja.

Después de una corta conversación Samanta las llevó a su habitación. Tenía las paredes moradas a excepción del techo, que era blanco. Estaba todo lleno de peluches de animales. Era como su pequeña colección.

–Abuelas, los niños ya no se meten conmigo. –dijo victoriosa.

– ¿Les plantaste cara? –preguntó la azabache.

–Cada día. –respondió la niña riendo.

– ¿Y qué tal con Mary? –preguntó la pelirroja.

– ¡Uy! ¡Hace tanto tiempo que me olvidé de ella!

Y así, se quedaron hablando sobre sus cosas, como si Samanta fuera más mayor. Como si no tuviera tan solo 5 años.

 

 

 

 

 

Capítulo 42

 

Natsu recibió una llamada. Era la policía informándole de que su madre había muerto. A ella no le importó demasiado, para ella era una desconocida. Pero la siguiente información sí que le afectó. Le dijeron que su padre quería llevársela para que viviera con él. A su edad nadie podía obligarla, pero por él sí tenía sentimientos. Fue quien le cuidó y defendió de su madre toda la vida.

 

–Cariño… –dijo sin colgar.

–¿Puede venir mi padre a vivir con nosotros unos días?

Por la cara de preocupación y de súplica de su mujer aceptó sin preguntar qué ocurría. Después una vez colgó la azabache se lo explicó.

–Entiendo… claro que se puede quedar. Estoy deseando conocer a mi suegro. –dijo con una sonrisa tranquilizadora.

–Muchas gracias muñeca. –y ella también sonrió, agradecida.

Al día siguiente apareció su padre con una gran maleta. Estaba regordete por el alcohol que había tomado día sí día también. Se le veía con la cara envejecida y una sonrisa torpe en el rostro, como si estuviera mal dibujada.

–Hola papá. –dijo la azabache. −Esta es mi mujer.

Y la pelirroja se presentó.

–Mucho gusto suegro.

–Matías. Así me llamo. –dijo dándole dos besos. –Igualmente.

Las chicas le explicaron donde estaba su habitación. Le cedieron la que antes era de Akatsuki. Él puso toda su ropa en el armario y decoró como quiso las estanterías. Después volvió con las chicas y tuvieron una larga conversación.

 

 

 

 

Capitulo 43.

 

– Estaba muy enferma. Siento mucho que se muriera sin que hubierais hablado.

–No importa papá. Desde que me echó de casa nunca la eché de menos.

Matías sonrió tristemente.

–Al menos nosotros seguimos teniéndonos cariño después de tanto tiempo.

–Pues claro. Familia unida para siempre. –dijo la azabache alternando la mirada en su padre y en su esposa. La cual sonreía.

– Para siempre. -Añadió la pelirroja, enseñándole a su suegro el juego que tenían cada vez que decían aquella frase.

Él lo entendió y repitió lo mismo:

– Para siempre.

Y todos sonrieron.

 

Después de todo, Matías estaba cansado, así que se fue a la cama. Natsu se quedó leyendo y Fuyu salió un rato para ir a hacer la compra.

Ahí se encontró a Dario. Ella intentó pasar de él pero el chico no se lo permitió, le cogió del brazo.

–Digas lo que digas, aún no me he dado por vencido.

– Pues deberías. No te quiero. Si quiera me gustas. –dijo, cortante.

– Al menos, como despedida, ¿te puedo invitar a unas copas?

Ella, después de pensárselo mucho aceptó.

–Está bien. Pero luego, cada uno por su camino.

–Acepto. –dijo el chico con una sonrisa que parecía inocente.

Se fueron al bar más próximo y bebieron copa tras copa. Fuyu ya no era consciente ni de lo que hacía, se había pasado bebiendo. Entonces, él aprovechó. Le cogió del mentón y la besó. Ella, estaba tan mal que correspondió.

Como tardaba tanto en volver a casa, la azabache fue a buscarla y vio a su esposa besándose con el chico. Ella, en vez de llorar, se plantó entre los dos y le pegó un puñetazo en el abdomen a Dario. Luego miró a Fuyu con odio, la cual agachó la cabeza como un cachorro regañado.

– Por muy borracha que estés, seguro que entiendes esto: Hoy no vienes a casa. No quiero ni verte. –dijo la azabache y después se dio media vuelta, desapareciendo de la nada.

Fuyu se echó a llorar.

– ¡Todo es tu culpa! –le recriminó al chico.

– Tú correspondiste. –añadió él.

Ella intentó irse pero apenas caminaba bien.  Se sentó en un banco junto al chico esperando a que el alcohol desapareciera de su cuerpo. Una vez ya sobria, se despidió del chico con desdén y se fue a casa de su hijo.

 

 

Capitulo 44.

 

Cuando la pelirroja llegó a casa de Akatsuki, Hanna y Samanta todos estaban al corriente de lo que había sucedido.

Nadie estaba enfadado con ella. Pues no era su culpa. Era culpa del alcohol y del que se aprovechó de ella y de su estado.

– ¡Será desgraciado! ¡Lo mato, lo mato y lo mato! –dijo Akatsuki, cabreado.

Fuyu pasó de él y se fue al cuarto de baño. Ahí en un cajón estaba lo que buscaba: cuchillas. Cogió una y se volvió a cortar. Hacía tanto que no sentía aquel filo sobre su piel que ya no se acordaba de lo apaciguador que era.

A la semana llamó Natsu pidiéndole a su hijo que le mandara un mensaje a su esposa. ”Quiero el divorcio”

La pelirroja se hundió, repitiéndose esas palabras continuamente. ¿De verdad era para tanto? Seguro que no. Por eso esperó y esperó hasta que la azabache fue a casa de su hijo, donde se encontraba ella.

Apenas se miraron, pues Fuyu desviaba la mirada cada vez que sus ojos se cruzaban con los de la azabache.

Se habían distanciado exageradamente. Hasta que Natsu se sentó junto a ella unos días después.

–No quiero el divorcio. Pero esto costará que se me olvide.

–Lo siento…

–La culpa no es tuya apenas. Lo que no se me olvidará es la cara de Dario. Le arruinaré la vida.

–Mejor es no verle nunca más.

– Tienes razón. –dijo la azabache, apretando el puño con fuerza. Después suspiró y besó los labios de la pelirroja. Echaba tanto de menos hacerlo.

–Muñeca… –dijo una vez se separaron. –Lo siento tanto por lo que dije… no hay día que no me arrepienta. –añadió mirando los cortes de su esposa.

–No te preocupes. Lo importante es que seguimos juntas. –dijo la pelirroja con una pequeña sonrisa. –Vayamos ahora con tu padre. –añadió.

 

 

 

Capitulo 45.

 

Volvieron juntas a casa donde les recibió Matias.

–Hola chiquilla. Bienvenida seas.

–Gracias Matías.

–Mi hija… siento mucho su conducta. Pero es cabezota y tiene mal genio, ¡cómo su madre!

– ¡Papá! ¡No me compares con ”esa”!

– Perdón, perdón.

Fuyu soltó una suave risa.

–No te preocupes… también tengo parte de culpa.

– ¡Qué culpa vas a tener, alma cándida! Si se aprovecharon de ti cómo quisieron.

–La tengo. No debí aceptar ni una sola copa de él.

– Bueno, bueno. Ese error es irrelevante. Seguro que jamás te imaginarías que las cosas terminaran así.

–No,  jamás.

Y Natsu le miró con una sonrisa.

–Esta todo enterrado, dejemos de cavar. –dijo la azabache.

Los dos asintieron.

 

Con esa conversación Natsu y Fuyu cumplieron años sin volver a pelearse. Matías era un buen hombre que se quedó a vivir con ellas, ya llevándose bien con toda la familia.

Hanna y Akatsuki por su parte llevaban la adolescencia de Samanta como podían. Seguía siendo una buena chica pero algo más rebelde, como los alumnos de su padre.

 

Llegó la navidad y todos la celebraron en casa de la pelirroja y la azabache. Cenaron estofado y a la hora del brindis todos vitorearon un:

‘’¡Familia unida para siempre!’’

Y todos se echaron a reír. Por fin, la familia completa. Más unidos que nunca. Inseparables.

 

 

Patrocinador: Musaventura shop | Musaventura Blog

Summary
Article Name
Inseparables. Verano e Invierno.
Description
La pelirroja se hundió, repitiéndose esas palabras continuamente. ¿De verdad era para tanto? Seguro que no. Por eso esperó y esperó hasta que la azabache fue a casa de su hijo, donde se encontraba ella.
Author
Publisher Name
Musaventura
Publisher Logo
  • Winry

    Es un relato precioso, se me ha echo facil de leer

  • Lorena

    Un relato interesante. Me ha gustado mucho.

  • Rosa Iborra

    Me gusta Fuyu, es monísima. Hay mucha acción entre los personajes. Buen relato.

  • alma puerto pallares

    Un hermoso relato donde el amor y la unión de una familia dan un giro inesperado a la trama.