#Musalove Story nº65 – I Concurso de relatos

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Relato nº65:  La viga y la ventana

Aquel viejo trozo de madera estaba aburrido. ¡¡Años!!, llevaba años viendo a todo el mundo pasar por delante de él… pero nadie se quedaba. Nunca lo había entendido. ¿Qué había hecho para merecer una vida tan monótona?

Recordaba al viejo perro del abuelo, era divertido verlo correr arriba y abajo. Todos le hacían caso. Lo sacaban de paseo y le daban de comer. Lo trataban como a un rey. Un día escuchó que era algo así como una mascota. “¿Por qué no puedo ser yo una mascota?” -chilló el trozo de madera-, pero nadie le hizo caso… Hubo quien miró con desconfianza hacia el techo y se quejó de unos crujidos, nada más. Lo ignoraban. “La mascota” parecía perder energía con los años. Un día se marchó y todos lloraron su ausencia. Él siempre estuvo seguro de que se fue a ver mundo. Nunca regresó.

Por otro lado, es cierto ser perro era mucho pedir. En una ocasión le dio por pensar que su verdadero sueño era ser bicicleta. ¡Una magnífica bicicleta roja!, no marrón, como él. Todo el mundo sabe que el marrón no es bonito. Además, tenía que ser genial poder llevar gente de un sitio a otro. Y eso por no hablar de la cantidad de paisajes que vería siendo una bici. El niño de la familia aparcaba una al lado de la despensa todos los días antes de la hora de comer. Si fuera como ella -se decía el trozo de madera-, buscaría a “la mascota” por todas partes. Él también la echaba de menos a veces.

Sartén, para sentir calor. Silla, para poder, al menos, cambiar de sitio y ser de utilidad. Vaso, para tener contacto con los humanos, o… ¡Un cuadro!, ¡Sí!, ¡Definitivamente ser un cuadro era la mejor idea! Cada uno de los invitados que llegaban a la casa miraba el cuadro de la pared como si hubiera algo más allá de los cuatro trazos y el lienzo. Qué envidia…

Un día vinieron a vaciar la casa y la llenaron de cosas nuevas. También hicieron obra. El ruido era insoportable. Y, en medio de tanto alboroto, como suceden las mejores cosas, SUCEDIÓ. ¡Jamás había visto algo tan bello!

Era de una madera brillante, robusta, oscura, ¡casi negra!. Era perfecta. Y en la tripa… ¡¿Le habían puesto un trozo de un material totalmente invisible?! Nunca se había fijado en si había otro ejemplar en la habitación parecido a ella, pero desde luego… si lo había visto, no tenía nada que ver con esta. Cuando quitaban las cortinas que la cubrían en la noche, a través de ella se podían ver cosas increíbles. Parecidas a las del maldito cuadro del salón, pero mucho mejores…

Y el trozo de madera, convencido de que aquella cosa que llamaban ventana jamás se fijaría en él, convencido de que se marcharía como todos habían hecho antes, no se atrevió a hablarle. Sin embargo, decidió no perderla de vista nunca. Enamorado de la nueva inquilina, pasó día y noche contemplándola. Había estado loco pensando que el resto de cosas merecían la pena. No podía haber nada más útil ni más bonito que ser ventana.

Pasaron los años, y la suerte parecía estar de su lado. Ambos permanecieron allí. Juntos. Viendo vidas pasar. La casa había quedado vacía, sólo estaban ellos dos. Por la mañana, la ventana le regalaba unos rayos de sol, calientes, reconfortantes. En la noche, le mostraba las estrellas. Él… nunca podía hacer nada por ella y, poco a poco se fue sintiendo más débil, más cansado.

Aquella mañana, todo estaba tranquilo. Y él, harto de esperar, decidió que era el momento y comenzó a gritar que la quería. Gritaba muy fuerte, cada vez más. Le dolía mucho la tripa. Seguro que si hubiera sido de aquel material invisible no le hubiera pasado.

Entonces, sin previo aviso, el viejo trozo de madera se partió en dos. ¡Caía a toda velocidad desde muy alto!, y sorprendentemente, el techo que llevaba años soportando, caía con él. Asustado, miró a la ventana, dispuesto a verla por última vez. Impresionado, vio que ella también lo acompañaba en su caída. Y sólo entonces, entendió, que ella tampoco había podido nunca vivir sin él. Ahora, quizá podrían huir juntos y ver mundo, y todos: la mascota, el vaso, el cuadro e incluso la bicicleta, querrían ser trozo de madera.

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La viga y la ventana
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Un día vinieron a vaciar la casa y la llenaron de cosas nuevas. También hicieron obra. El ruido era insoportable. Y, en medio de tanto alboroto, como suceden las mejores cosas, SUCEDIÓ.
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