#Musalove Story nº68 – I Concurso de relatos

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Relato nº68: Mi historia de amor

Si ella no me hubiese mirado como hizo jamás nos hubiésemos encontrado. Quien me iría a decir que acabaríamos compartiendo tantos momentos, tantos amigas y amigos, tantas responsabilidades, tantos seres queridos y tanto amor.

A veces lo que se supone que está mal, lo que se supone que no es lo correcto deja paso a una bonita historia de amor. Correspondido o no, incierto y difícil, pero una bonita historia de amor.

Ella, tan segura de sí misma con la mirada y los pensamientos fijos y seguros. Yo, tan impulsiva y aventurera. Se suponía que ella jamás se fijaría en mí porque es lo que sueles pensar cuando te sientes atraída por una chica que siempre ha estado con chicos. Es lo de siempre, si le gustan los chicos, ¿qué razón tiene ella para mirarme de otra manera que no sea una bonita amistad? Compartíamos amistades, eso era un punto a favor en mi estrategia y en mis posibilidades inciertas. Pero era muy complicado, casi imposible, yo diría que me estaba aproximando a un campo peligroso.

Cuando te han roto el corazón tantas veces no te arriesgas tanto como decías arriesgar. Está bien el dicho de que “si no arriesgas no ganas” pero hay veces que es mejor quedarse a la expectativa. ¿Y si me vuelven a hacer daño? Es imposible que ella se fije en mí, ha estado muchos años con él y después de romper solo ha estado con chicos. ¿Qué podría tener yo de interesante para que ella me mirara de otra manera? Además, hace cuestión de dos semanas que he salido de una relación muy toxica, no está bien tener estos pensamientos y sentirme tan atraída por ella. Pero, ¿Qué hay de malo en esta energía tan intensa? No puedo evitar sentirme atraída por ella, es una fuerza indescriptible que me supera, ¿nunca te has sentido tan culpable que no has podido remediar actuar? Dicen que las personas que tendemos a ser arriesgadas e impulsivas, por mucho que queramos rectificar siempre acabamos cayendo en el mismo agujero sin salida, aunque podamos percibir a leguas que nos van a romper el corazón y el alma. No me preguntes porqué pero sentía que ¡tenía que hacerlo, tenía que llamar su atención como fuera!

-¿Qué llevas puesto? (le escribí yo)

-Acabo de salir de la ducha, solo la ropa interior… (Ella me contestó al instante)

¿Era cierto? ¿Lo que estaba leyendo era real o era producto de mis nervios? ¿Cómo podía haberle escrito eso en un mensaje de texto? Jamás me lo perdonaría, fue un acto instintivo y catastrófico. Esa misma noche había quedado con unas amigas para salir de fiesta, amigas que ella tiene en común. Ella también estaría allí, compartiendo el mismo espacio que yo, el mismo momento y las mismas risas. ¿A quién se le ocurre preguntar eso? Aunque, ¿Por qué ella me contesto eso? Quizás ella me estaba siguiendo el juego, quizás se estaba riendo de mí o simplemente me estaba volviendo loca. Después de intercambiar pocos mensajes más, empecé a ser consciente de la situación y a entender que estaba cayendo sobre un terreno prohibido y que no me llevaría a ningún puerto seguro. Las expectativas nunca pueden ser altas cuando estás en una fase de auto-destrucción después de que te hayan dejado, sino prepárate para caer en un infierno de lágrimas.

Horas más tarde de nuestra conversación nos encontramos. Ella estaba con mis/sus amigas en el parque donde habíamos quedado todas para tomarnos unas copas. La noche empezó, yo estaba muerta de la vergüenza y no quería ni siquiera mirarla. Una de sus amigas me dijo:

-No te hagas ilusiones, ella es “hetero”.

Me encerré en mi burbuja, a beber sin medida y con lamento. En ese momento pensé, ¿Qué he hecho? Me derrumbé, mis expectativas empezaron a caer por momentos, solo tenía ganas de escapar de esa situación. Ella no había intercambiado ni una palabra conmigo, ni siquiera me había mirado, ni siquiera me había saludado. ¿Qué estoy haciendo aquí?, pensé. Me sentía tan idiota… Me habían dejado hace unas semanas, creía estar enamorada de ella pero me dejó, estábamos mal pero nos queríamos. Me había insinuado a través de mensajes de texto a una persona que ni siquiera le gustaban las chicas, ¿qué me había hecho pensar que se fijaría en mí? Y lo peor de todo, no podía insinuarme a una persona con tan reciente ruptura. Dicen que cuando alguien te rompe el corazón en pedazos debes pasar un tiempo de duelo, de considerarte a ti mismo y aprender a estar solo/a, a aprender de tus errores y sanarte. Yo estaba rompiendo todas las reglas del amor que dicen que tiene que ser, yo estaba flaqueando por todos lados y no sabía cómo fortalecerme. Me sentía tan culpable, tan frágil e invisible que por unos momentos dejé de escuchar y sentir lo que estaba pasando a mí alrededor. Tan absorbida estaba que no me había dado ni cuenta que todas mis amigas se habían ido, no sé a dónde, y que estábamos solas.

-¿No vas a decir nada?

De repente mi burbuja se rompió. Levanté la cabeza y me giré. Detrás de mí estaba ella. Se sentó a mi lado con una copa de vodka en la mano.

-¿Qué quieres que te diga?- le contesté

-No sé, tú sabrás que tienes que decirme sobre los mensajes-me contestó

Tierra trágame. Se confirmaban mis peores expectativas, la había ofendido y me estaba pidiendo explicaciones. No sabía dónde meterme ni a quien pedir ayuda. Estaba sola ante el peligro.

-Pues nada, mensajes de amigas- respondí con vergüenza y dando un sorbo a mí copa.

Como se me había ocurrido ese tipo de respuesta. Ni siquiera la había pensado con claridad. No quería contestar así. Estoy segura que estará pensando que soy idiota y que me estoy riendo de ella. No paro de sumar puntos para caer cada vez más a este pozo de culpabilidad. Me siento muy ridícula, si alguien sabe dónde recogen los premios a la pringada del mes por favor que me lo diga porque debería pasar a recogerlo.

-Yo a mis amigas no les envió ese tipo de mensajes, ¿tu si?-me contestó y le dio un sorbo a su copa -No sé… -respondí tímida

-Pues nada, ¿no vas a hacer nada?- me decía mientras me miraba fijamente a los ojos y se acercaba Un momento.

¿Qué está pasando? ¿Podría ser real que esté pasando? Creo que he bebido demasiado y me está empezando a afectar. Si mis cálculos no fallan ella se está acercando y me está mirando a los ojos. ¿Debería reaccionar a esas palabras con un beso? ¿O quizás me debería quedar quieta sin decir nada y esperar su turno?

-No sé, tú sabrás- respondí mirando al suelo

De repente llegan todas. Se rompe la especie de burbuja de tensión que se estaba generando. Se desvanecen mis posibilidades. La noche había llegado a mi fin. Creo que era el momento de irme a casa después de mi nefasta actuación, no tenía ganas de hacer más el ridículo. Me sentía muy desconcertada porque no sabía si ella quería algo más, si simplemente estaba riéndose en mi cara o si iba tan afectada por el alcohol que no sabía ni lo que hacía. A veces hay que saber cuándo se pierde y dicen que es mejor abandonar una batalla a tiempo que morir en el intento

. -Me voy a casa- dije en voz alta mientras me levantaba.

Todas me miraron con cara de sorpresa.

-No te vayas, ¡ahora iremos a un local a bailar! – dijo Marta, una de nuestras amigas en común.

-No tengo muchas ganas y estoy un poco cansada, he trabajado mucho hoy- contesté sintiéndome mal.

-Va, solo un rato…un rato y te vas si quieres- Marta insistió.

Pues sí. Soy de fácil convencer y más en situaciones como esta. Así que, nos dirigimos hacia el local de fiesta que estaba a pocos pasos del lugar donde estábamos tomando unas copas.

La música estaba muy alta. La gente estaba muy bebida. Sonaba música muy comercial, la noche tenia pinta de aproximarse muy divertida. Los focos destellaban luces blancas iluminando cada rincón de la sala. Los flashes nos cegaban mientras nos dejábamos llevar por la música. Una ronda de chupitos, otra ronda y otra. Así estuvimos durante un rato largo. Yo no veía fin a esa noche de infierno, solo tenía ganas de desaparecer y estar tumbada en mi cama lamentando y rebobinando. Así que pensé, ahora es el momento de huir.

-Te invito a un chupito- una voz chillaba a mis espaldas y una mano me tocaba la espalda.

-¡Vale!- contesté yo a gritos.

Era ella. No sé qué pretendía. Si no quería nada conmigo no sé porque jugaba a esta locura. Sabía que lo había dejado con mi ex y que estaba pasando por una fase transitoria y dura. Si quería algo conmigo porque no me lo había dicho claro. Aunque por otro lado, me estaba gustando esa especie de reto. No sabía si quería o no, lo único que sabía es que no podía irme porque sentía una fuerza interna que me obligaba a esperar.

Nos acercamos a la barra y llamamos al camarero. Se acercó y ella le pidió unos chupitos. Mientras el camarero servía ella se acercó, muy cerca, dejando unos centímetros de separación entre nosotras.

-Si juegas con fuego te quemas-me dijo acercándose cada vez más. El camarero puso los chupitos encima de la barra. Nos pusimos sal en la mano. Brindamos.Lo tomamos de un solo golpe. Mordimos el limón. Todo mi cuerpo ardía. Noté un escalofrío por dentro. Empecé a sudar. Ella tiró el limón al suelo. Se acercó. La música estaba muy alta y sonaba “Around the world” de Daft Punk. Se acercó más. La cogí de la cintura y la acerqué más a mí.

 

Son las 09:00. Ha sonado el despertador y la luz gris y tenue entra por la ventana. En un país diferente y extraño. Llevamos viviendo dos años en Londres. Qué bonito despertarse habiendo soñado algo vivido, algo tan intenso. Me giro y ella está a mi lado. Duerme plácidamente, ni siquiera se ha enterado de que ha sonado la alarma como cada mañana. Me quedo pensado mientras la miro, ahora sé porque desde aquella noche nunca pude separarme de ella, de sus besos, de su sonrisa, de su mirada intensa y de sus juegos.

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